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En los últimos días, hemos sido testigos no sólo de una nueva crisis judicial sino también de una suerte de "histeria política" originada por el descontrol en el manejo público del juicio contra Abimael Guzmán y la cúpula senderista, en el caso de la Academia "César Vallejo".
Resulta realmente increíble la facilidad con la que algunos personajes de este régimen volvieron a poner en el debate público temas que fueron banderas del fujimorismo y que suponíamos realmente sepultadas, tales como la posibilidad de retirarnos de la competencia contenciosa de la Corte Interamericana de Derechos Humanos o de aplicar la pena de muerte para los terroristas.
Luego que dos vocales se inhibieron de conocer el caso, se quebró la audiencia y se produjo el desenlace que -debido a los excesivos formalismos de los procesos judiciales- parecía nunca llegar. El juicio volvió a fojas cero y se anunció la composición de un nuevo tribunal que juzgará el caso. Sin lugar a dudas, ésta ha sido la mejor salida o mejor dicho, la menos dañina. El Poder Judicial no puede volver a dar este penoso espectáculo en las narices de los integrantes de la cúpula de Sendero Luminoso.
La nueva composición de Sala, integrada por los magistrados Pablo Talavera, Jimena Cayo y Victoria Sánchez, estamos seguros de que garantiza plenamente la normal y regular conducción del nuevo proceso.
Estando resuelto este tema, se debe tener en claro cuántos procesos se le seguirá a Guzmán y a sus demás co-acusados de la dirigencia nacional senderista. En este asunto se impone la necesidad de desarrollar un proceso de acumulación de las principales causas judiciales seguidas contra ellos y de este modo, elaborar un paquete complejo de pocos casos. Resulta poco probable y hasta contraproducente que basándose en la cantidad de implicados y de hechos ilícitos perpetrados y el estado procesal de las diferentes causas, se decida acumular todos los casos en un gran proceso judicial.
No olvidemos que en estos procesos judiciales, Guzmán y la cúpula senderista serán sometidos a la justicia en calidad de dirigentes, es decir, como aquellas personas que planificaron, organizaron y ordenaron ejecutar diversos actos criminales de naturaleza terrorista. Siempre se debe tener presente que los crímenes cometidos por Sendero Luminoso fueron perpetrados por una organización criminal en cuyo vértice jerárquico se encuentra Abimael Guzmán, y por tanto, la responsabilidad penal que tienen resulta ineludible y -a estas alturas de nuestra historia- plenamente demostrada.
De otro lado, es sumamente importante que, luego de establecer la acumulación de los casos, se determine una fecha cierta y próxima para el inicio del nuevo juicio. Desde hace algún tiempo el senderismo viene desplegando una estrategia legal que tiene dos objetivos muy definidos: entorpecer la continuidad de los procesos judiciales para luego exigir sus excarcelaciones por exceso en el plazo de detención y generar vicios insalvables para cuestionar a nivel internacional la legalidad y legitimidad de los mismos.
Finalmente, debemos tener en cuenta que la Comisión de la Verdad y Reconciliación, en su Informe Final, afirmó que Sendero Luminoso fue el principal violador de derechos humanos durante el conflicto armado interno pero terminó siendo derrotado política y militarmente. Los nuevos juicios contra la cúpula senderista otorgan al Poder Judicial la oportunidad de derrotar nuevamente a Sendero Luminoso pero ahora en el terreno judicial. Este es el principal reto de la nueva Sala.
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