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Nº 289, 15 de marzo del 2007 


 

EL JUICIO AL DESTACAMENTO COLINA: 
UNA ALENTADORA LUZ AL FINAL DEL TUNEL


Antonio Salazar García
Consorcio Justicia Viva

   

El 17 de agosto de 2005 se inicio el juicio oral contra los presuntos integrantes del destacamento del EP denominado “Colina”. El cual, sin duda, es uno de los juicios más importantes en el proceso de judicialización de violaciones contra los derechos humanos en nuestro país. Al inicio del juicio oral el proceso comprendía la acumulación de los expedientes por la matanza de Barrios Altos, la desaparición y ejecución de 9 estudiantes y un profesor de la Universidad La Cantuta, la desaparición y asesinato del periodista Pedro Yauri y de los pobladores de El Santa. Este juicio al destacamento “Colina” constituye la mejor demostración de que el régimen fujimorista no solo fue corrupto, sino que además desde el Estado ejecutó una política de violación contra los derechos humanos.

Iniciado el juicio oral, el representante del Ministerio Público solicitó se les imponga penas entre los 5 y 35 años de pena privativa de la libertad a los acusados. En el caso de Vladimiro Montesinos, Nicolás Hermoza Ríos, Julio Salazar Monroe, Juan Rivero Lazo y Santiago Martín Rivas el fiscal ha solicitado 35 años.

Al escuchar la acusación tres integrantes del destacamento “Colina”, los procesados Julio Chuqui Aguirre, Marco Flores Albán e Isaac Jesús Paquillauri Huaytalla, aceptaron los términos de la misma y solicitaron acogerse a la Ley Nº 28122, ley de conclusión anticipada del proceso. Solicitud que fue acogida por las vocales de la Primera Sala Penal Especial quienes declararon la admisibilidad de la petición para dos de los integrantes del destacamento “Colina”, los suboficiales Julio Chuqui Aguirre y Marco Flores Alván, que fueron condenados a 6 y 4 años de pena privativa de la libertad, respectivamente, y al pago de cinco mil soles por concepto de reparación civil.

Con relación al sub oficial Isaac Paquillauri, no se le otorgó el beneficio de la conclusión anticipada porque éste había solicitado acogerse a la colaboración eficaz, trámite que ya había sido resuelto por el Juzgado Penal Especial.

Esta conclusión anticipada tiene, para el presente caso, una enorme trascendencia, ya que: 1. era la primera vez, en la historia de nuestro país, que violadores de los derechos humanos admiten de forma pública y ante autoridad judicial competente ser integrantes de un destacamento militar responsable de los asesinatos múltiples de Barrios Altos y La Cantuta, y las desapariciones forzadas de campesinos del Santa y del periodista Pedro Yauri; 2. es la primera vez que acusados por violaciones a los derechos humanos demuestran su conformidad con los términos de la acusación fiscal y se acogen a  la conclusión anticipada del proceso; y, 3. la solicitud planteada y la sentencia emitida rompen la estrategia jurídica sostenida por Vladimiro Montesinos Torres, Nicolás Hermoza Ríos, Santiago Martin Rivas y otros acusados, que descansaba en la uniforme negación de la existencia de un destacamento militar en el seno del ejército y, en consecuencia, su no intervención en los crímenes de lesa humanidad materia del presente proceso judicial.

El 26 de octubre de 2005 se inició el interrogatorio a los oficiales y subalternos del ejército acusados de integrar el destacamento “Colina”. El primero en ser interrogado fue el general (r) Nicolás de Bari Hermoza Ríos, quien prefirió guardar silencio ante las preguntas planteadas por los diferentes sujetos procesales. Esta estrategia del silencio fue continuada luego por el general (r) Julio Salazar Monroe y el ex asesor de Inteligencia y ex capitán EP Vladimiro Montesinos Torres.

El miércoles 8 de marzo de 2006, la Primera Sala Penal Especial, resolvió desacumular el expediente 028-2001. La resolución judicial estableció que existirán dos procesos judiciales contra los integrantes del grupo “Colina”. Uno en el que se juzgue el caso de la desaparición y posterior ejecución de 9 estudiantes y un profesor de la Universidad “La Cantuta”; y otro proceso que comprende los casos de la matanza de Barrios Altos, la desaparición de los campesinos de El Santa y la desaparición del periodista Pedro Yauri.

A pesar de las amenazas de las que eran objeto, lo cual ha sido denunciado por los agentes de inteligencia en varias sesiones de audiencia, varios de ellos y algunos oficiales se acogieron a la confesión sincera, que fue iniciada por los coroneles EP Julio Rodríguez Córdova y Carlos Miranda Balarezo.

De las confesiones sinceras cabe destacar la del agente de inteligencia y ex técnico de primera del ejército Fernando Lecca Esquén, quien señaló su participación en la detención y posterior ejecución de los nueve estudiantes y el profesor de la universidad La Cantuta. Este efectivo militar dio detalles de la forma cómo se había realizado el entierro, desentierro y traslado de los restos de las víctimas de tan execrable crimen. Según su confesión, los acusados Santiago Martin Rivas y Carlos Pichilingue Guevara eran los jefes del Destacamento “Colina”, mientras que Fernando Rodríguez Zabalbeascoa era quien coordinaba las actividades del escuadrón con el alto comando de las Fuerzas Armadas.

A dicha confesión se suma la del Teniente EP Aquilino Portella Nuñez, quien manifestó que, si bien no era integrante del denominado Grupo Colina, en su condición de efectivo del ejército destacado en la base de apoyo de la Universidad La Cantuta, ayudó al ingreso de los integrantes del Destacamento “Colina” a la referida base, en la que estos agentes operativos de inteligencia, al mando del mayor del ejército Santiago Martín Rivas, allanaron las viviendas universitarias, sacaron a los nueve estudiantes y al profesor y los asesinaron. A estas declaración se agrega la del Coronel EP Carlos Miranda Balarezo, quien en juicio oral ha señalado que fue el general EP Luis Pérez Documet quien ordenó que el Teniente EP Aquilino Portella facilite el ingreso del mayor Santiago Martín Rivas a la base de apoyo de la Universidad La Cantuta.

En otro momento de su declaración el Sub. Oficial Fernando Lecca Esquén  señaló que fue Santiago Martin Rivas quien dio la orden de abrir fuego contra los asistentes a la pollada realizada en Barrios Altos, en noviembre de 1991, donde fueron asesinadas 16 personas, entre ellas un niño. Lecca reconoció que participó en las matanzas de Barrios Altos y El Santa, señalando incluso que él fue uno de los que disparo contra los asistentes a la pollada en Barrios Altos. Otro de los que se acogió a la confesión sincera fue el sub. Oficial EP Ángel Sauñi Pomaya, quien manifestó que el destacamento “Colina” no solamente cometió los delitos por los que son investigados sus integrantes, sino que cometió otros crímenes más, como el asesinato de cuatro integrantes de la familia Ventocilla, hecho ocurrido en las afueras de la ciudad de Huacho el año 1992. En su declaración refirió que la ejecución extrajudicial de esta familia huachana estuvo al mando de los jefes del destacamento los ex oficiales Santiago Martin Rivas y Carlos Pichilingue Guevara.

 

Otro de los acusados, el Técnico EP Pablo Atúncar Cama, señaló que el mes de setiembre de 1991 se desempeñaba como agente del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), cuando llegó a su base un oficio ordenando su destaque a un grupo de inteligencia del Ejército Peruano (EP) que funcionaba en el galpón del SIN, en Las Palmas. En dicho lugar fue recibido por los oficiales Martin Rivas y Pichilingue Guevara, quienes le informaron de la importancia del nuevo destacamento de inteligencia del EP, en la búsqueda de subversivos. Días después, el mismo Martin Rivas le señaló que el objetivo del destacamento era detectar y eliminar a los subversivos.

 

En su declaración Atúncar señaló que no solamente había participado en los casos de Pedro Yauri y La Cantuta, sino que también lo había hecho en Barrios Altos, El Santa, en el asesinato de un evangelista, otro asesinato en la carretera central, otro en Chanchamayo y en el caso de la familia Ventocilla.

 

Agregó que cuando ingresaban al destacamento firmaron su baja ficticia, e incluso habían tenido una reunión con el comandante general EP Nicolás de Bari Hermoza, el 27 de junio en el Pentagonito, en la que estuvieron el general EP Rivero Lazo, Martin Rivas, Pichilingue Guevara y los 30 efectivos militares del destacamento, en la que el comandante general tuvo palabras de agradecimiento por el trabajo realizado ya que los terroristas ahora sabían que estaban al tanto de su gente. Señalo además, que era evidente que el general Hermoza estaba al tanto de todo lo que hacía el destacamento, ya que “Colina” no era un grupo aislado en el ejército, era parte de la institución militar, y la prueba esta en que para trasladarse a realizar el operativo en Chanchamayo usaron un helicóptero del ejército.

 

Mientras algunos oficiales y sub. Oficiales del EP reconocen su responsabilidad por los delitos cometidos, los supuestos principales mandos operativos como Rodríguez Zabalbeascoa, Martín Rivas y Pichilingue Guevara, tratan de explicar lo inexplicable. Que el destacamento “Colina” nunca existió, que nunca se designó personal subalterno al “grupo de análisis”, que ellos no participaron en los hechos materia de juicio oral, que los confesos sinceros han sido comprados por los organismos de derechos humanos para mentir y por último que “son inocentes de los cargos que se les imputa”.

 

Lo dicho por estos tres personajes ha sido totalmente desmentido, además de los testimonios de los suboficiales y oficiales acogidos a la confesión sincera, por lo dicho por el ex general EP Luis Cubas Portal, quien ha señalado que recibió el oficio de Rivero Lazo, en su condición de jefe de la DINTE, para que se designe personal subalterno y armamento al destacamento que dirigía el coronel Rodríguez Zabalbeascoa, el mismo que venía trabajando en el galpón de Las Palmas, lugar que sirvió de punto de encuentro, reunión y formación de los efectivos militares que integraron el destacamento “Colina”, tal y como han señalado sus propios integrantes.

 

En este escenario de confesiones sinceras por parte de algunos oficiales y sub. Oficiales, y silencios y negativas como estrategia de defensa de los principales implicados, es que el jueves 08 de marzo del presente año, la Primera Sala Penal Especial, encargada del juicio oral, informó a las partes procesales que el abogado de oficio, doctor Vegas Palomino, su familia y los demás abogados de la defensa de oficio habían sido amenazados de muerte por un supuesto comando paramilitar. La inmediata reacción de la Sala Penal ha permitido que se solicite al Ministerio del Interior para que brinde las garantías que corresponden al abogado en mención y esperamos que también a los demás abogados de oficio.

 

Pero ¿por qué la amenaza al abogado de oficio Vegas Palomino? la principal tesis que se maneja es que lo han amenazado porque él es el abogado de la mayoría de los sub oficiales que acogiéndose a la confesión sincera han dado información muy importante para el mayor esclarecimiento del caso y con ello sumar mayores elementos de juicio para que quede clara la responsabilidad que tienen Rodríguez Zabalbeascoa, Santiago Martín Rivas, Carlos Pichilingue Guevara, y los demás oficiales y sub. Oficiales enjuiciados, en los hechos de muerte y desaparición materia del presente juicio oral.

 

Como podemos notar, poco a poco se ha ido esclareciendo la forma como sucedieron los hechos y la identidad de los principales responsables materiales e intelectuales en tan execrables crímenes. Como decimos al principio “tenemos una gran luz al final del túnel”, por lo que estamos convencidos que, los perpetradores de los principales crímenes contra los derechos humanos cometidos por los integrantes del destacamento “Colina” van a ser sancionados severa y ejemplarmente por la Primera Sala Penal Especial.

   

Justicia Viva es un proyecto de "Participación y Fiscalización Ciudadana en la Reforma Judicial", que ejecuta un consorcio integrado por la Facultad y el Departamento Académico de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú y el Instituto de Defensa Legal (IDL). 
Las opiniones expresadas en este Portal pertenecen a sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de las instituciones que integran el Consorcio Justicia Viva.

 


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