Un reconocimiento y una carta: Ernesto de la Jara, fundador del IDL, se despide

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Una noticia sorprendente y triste tiñó los últimos meses del IDL. Luego de 33 años, Ernesto de la Jara, uno de los fundadores de nuestra institución
y ex coordinador general del programa Justicia Viva, decidió renunciar para seguir otros rumbos académicos y profesionales.

Con la esperanza de que cambie de parecer, después de un tiempo de hacerse oficial esta decisión ponemos aquí sus palabras de despedida. Ernesto, además de ser un excelente profesional, tiene un compromiso férreo para con la defensa de los derechos humanos en nuestro país. No por nada acaba de ser reconocido por su trayectoria por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, la instancia que alberga a más de 83 organismos de derechos humanos en el Perú. Seguiremos los pasos y los principios que con su ejemplo Ernesto imprimió al IDL. Somos conscientes que nuestra institución es lo que es en gran parte por su lucidez, empuje y honestidad a prueba de todo.

Desde Justicia Viva le auguramos los mejores éxitos en esta nueva etapa, agradecidas por sus enseñanzas y trabajo conjunto, y con la seguridad de que seguiremos cruzándonos en la lucha por un país más justo para todos y todas.

Queridos amigos y amigas:

Quiero contarles una decisión muy importante para mí, que me ha costado mucho, pero de la que estoy seguro. Después de 33 años he renunciado al Instituto de Defensa Legal (IDL), tanto a ser unos de sus profesionales como a la asociación.

La he ido madurando desde hace un buen tiempo y coordinando con el Comité Directivo.

La razón es que necesito más libertad personal, para disponer de mí tiempo, para poder ser más selectivo en lo que haga y no haga laboralmente y para dedicarme un poco más a mis otras vocaciones.

Ribeyro decía que uno debería tener varias vidas para satisfacer todos sus gustos, pero que generalmente solo tenía tiempo para una vida o máximo dos. Intentaré la segunda o por lo menos una media más.

Que quede claro que nada tiene que ver con jubilación. Me siento con mucha vitalidad y experiencia, ilusionado de asumir nuevos proyectos.

¡Le debo tanto al IDL! Me ha permitido pasarme la vida haciendo actividades que me han encantado y que creo son valiosas para la gente y el país. Me ha dado la oportunidad de desarrollarme profesionalmente en diversas especialidades, de reinventarme permanentemente, de conocer a personas valiosísimas y de viajar por todas partes, dentro y fuera del país.

También aprecio inmensamente haber estado vinculado a una institución que para muchos está asociada a honestidad, libertad de pensamiento, defensa de derechos y libertades, sensibilidad social.

Hay una razón por la que a veces cuando entro al IDL beso el suelo, como lo hacía Juan Pablo II cada vez que llegaba a un país: me ha permitido decir siempre lo que pienso, nunca haber tenido que acatar sin dudas ni murmuraciones, ni sobar a nadie y mucho menos a agachar la cabeza o al chi cheñor. Dignidad ante todo, es un principio esencial de lo que llamamos – pedantemente – la cultura IDL. Como lo es asimismo, y muy importante, el sentido del humor sin zonas sacras y riéndonos también de nosotros y nosotras.

Y qué agradable es el buen ambiente trabajo. Es que es no es lo mismo compartir intereses que convicciones.

Como siempre he dicho, si el trabajo en el IDL fuera mejor pagado y con algunos períodos de cierta tranquilidad, sería el trabajo perfecto. Es difícil y exigente, criticado por algunos, pero apasionante y pleno de sentido.

Las instituciones son su gente. Casi todas las personas que han pasado por el IDL han sido de primera. Y hoy cuenta con un equipo profesional y administrativo excelente, tanto en lo personal como en lo profesional, dispuesto jugársela por los ideales de siempre.

¿Errores? Muchos, personales e institucionales. Pero siempre los hemos reconocido y pedido las disculpas del caso. Ojalá que así se haya percibido. Igual frente a las limitaciones y debilidades que sabemos bien tiene una institución como la nuestra.

Pienso en el país y en el contexto internacional cuando varios fundamos el IDL y creo que se ha avanzado muchísimo en todo, más de lo que imaginábamos. Pero evidentemente lo pendiente es oceánico.

Hemos pasado por tantas etapas: violencia política, terrorismo, violación de derechos humanos, golpe del 5 de abril, dictadura de Fujimori y Montesinos, captura de Guzmán, rereelección, transición democrática (el gran Paniagua), expectativas y decepción frente Toledo.

Luego el mal menor- García (comiéndonos los sapos de la corrupción, Rodrigo Franco y mucho más), y por si fuera poco, luego el mal menor- Humala (comiéndonos el sapazo de Madre Mía y sus desvaríos ideológicos), todo para que no regrese el fujimorismo. Y hoy ante un gobierno que ganó gracias a una serie de circunstancias inesperadas y que genera tanto expectativas como temores.

Muchas gracias y un fuerte abrazo.

Ernesto de la Jara Basombrío.

DSC07376Ernesto de la Jara recibe reconocimiento especial de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos – CNDHH, por su trayectoria en la defensa de los derechos humanos (Foto: CNDDHH)

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