Lima, 9 de diciembre del 2004

Con gran sorpresa se ha recibido la noticia acerca de la separación de los 31 magistrados que conforman la Corte Suprema de Justicia de nuestro vecino país del Ecuador. El pasado 8 de diciembre, el Congreso decidió por mayoría destituir a la máxima instancia del Poder Judicial acusando a sus miembros de estar vinculados con poderosos partidos políticos opuestos al gobierno.

Este hecho resulta sumamente grave para la estabilidad de un país democrático y es una llamada de atención al resto de las naciones de la región acerca de lo que puede ocurrir cuando sus instituciones de justicia no responden a las expectativas ciudadanas. En este sentido, más allá de discrepar con la forma seguida por el parlamento unicameral ecuatoriano, que según indican diversas fuentes es además inconstitucional, no podemos dejar de mencionar que lo sucedido se da en un contexto de descrédito y mala imagen de dicho poder estatal.

Esperamos que por el bien del sistema democrático ecuatoriano esta crisis se supere de la mejor manera posible, pero también confiamos en que estos hechos ayudarán a reflexionar a los integrantes de nuestra Corte Suprema para que asuman la necesidad de promover y realizar la reforma integral del sistema de justicia, pues esta es la mejor manera de evitar que la prolongada crisis de la justicia que vivimos conduzca a sucesos como estos en nuestro país.
(Javier La Rosa Calle)