Lima, 16 de diciembre del 2004

Hace algunas semanas la sentencia condenatoria emitida por la jueza Sara Mayta en el proceso seguido contra los ex jefes militares César Saucedo, Elesván Bello, Antonio Ibárcena y Humberto Rosas Bouniccelli, y el ex director general de la PNP Fernando Vianderas, en el caso de la firma del acta de sujeción, generó un debate por el hecho de que no solamente les impuso una pena privativa de libertad por la gravedad de los ilícitos cometidos, sino también la medida de degradación por haber permitido el sometimiento de las fuerzas del orden al poder corrupto de Fujimori y Montesinos.

Si bien el mandato de la sentencia del juzgado anticorrupción era meridianamente claro, también ha quedado claro que tal medida –la degradación– no fue bien recibida por diferentes sectores, aquellos que afirman que ya es suficiente lo que se ha hecho contra la corrupción y que esto era un exceso. Entendemos que la demora en la aplicación de la medida está relacionada a esas tensiones que seguramente llegaron a repercutir en el seno del Poder Ejecutivo y especialmente en Palacio de Gobierno.

Estamos seguros que la degradación de aquellos militares que estuvieron coludidos con la corrupción, la misma que acaba de ser dispuesta por medio de la Resolución Suprema N° 587-2004-DE/SG, no solo debe significar el cumplimiento de una orden judicial y nada más, sino un acto reivindicación moral de las fuerzas armadas.

La norma emitida por el sector Defensa dispone el retiro a los arriba mencionados, excepto Dianderas por ser de la PNP, de los grados, honores, títulos y otras distinciones que correspondan al cargo que se les haya entregado durante el tiempo que permanecieron en servicio. La norma señala además que los comandantes generales de cada instituto pueden dictar las medidas necesarias para cumplir esta disposición. Si bien la degradación no será pública, la norma indica que sea leída en todas las dependencias de las Fuerzas Armadas con el objetivo de que todos los integrantes de los institutos tomen conocimiento de la misma.
(Carlos Rivera Paz)