Lima, 16 de diciembre del 2004

El arresto domiciliario ordenado por el juez Juan Guzmán Tapia contra el ex dictador Augusto Pinochet, por el secuestro y posterior desaparición de 9 personas y el homicidio de otra, en el marco de la Operación Cóndor, quedó paralizado, a la espera de la decisión de la Cuarta Sala de la Corte de Apelaciones, sobre el hábeas corpus interpuesto por los abogados de Pinochet (El Comercio, 15/12/04). En enero del 2001, el juez Guzmán Tapia ya había intentado el arresto domiciliario del militar –caso de la caravana de la muerte– que culminó con la decisión de la Corte Suprema, de julio de ese año, que lo liberó por su estado de demencia moderada. El gran dilema en todo este proceso se cierne sobre su supuesta senilidad o su incapacidad para responder por sus actos, asunto que ha quedado resuelto luego de haber aparecido en programas de televisión en completo uso de sus facultades mentales. 

Para el juez, Pinochet a pesar de su avanzada edad, “está claramente vinculado con la realidad”. Como se recuerda, la Operación Cóndor fue un esfuerzo concertado entre los servicios de seguridad e inteligencia de las dictaduras del Cono Sur, para la desaparición de personas y líderes políticos de oposición en Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Perú. Este plan, diseñado por el general Manuel Contreras, entonces jefe de la DINA (policía secreta) y hoy cumpliendo prisión, ocurrió a finales de la década de los 70 en el territorio de estos países.

Desde su prolongada detención en Londres en el año 2000, Pinochet no había sufrido tanto las consecuencias de la persecución judicial, esta vez en su propio país. Primero, el   descubrimiento en EE.UU. del manejo secreto de cuentas bancarias (entre US$ 4 y 8 millones) en el Banco Riggs plantea su responsabilidad penal por fraude al fisco, negocios incompatibles y malversación de fondos. Incluso el juez que ve esta causa, Sergio Muñoz, no aceptó el pedido de la defensa para el levantamiento de la orden que congeló una parte de sus bienes.

Luego, vendría su desafuero parlamentario ocurrido en mayo del 2003 y la nueva causa abierta, esta vez por delitos contra los derechos humanos. Entre las consecuencias del Informe Valech sobre Torturas, se debe destacar la asunción de responsabilidades individuales de las Fuerzas Armadas chilenas; por su parte, mientras la Asociación Nacional de Magistrados reconoció sus responsabilidades, la Corte Suprema chilena rechazó haber concertado con quienes cometieron delitos contra los derechos humanos.

En este contexto, a pesar que los abogados de Pinochet han denunciado una persecución política, ha habido una reacción positiva de familiares y grupos de derechos humanos, ya que consideran que no habrá impunidad al más alto nivel de la cúpula militar. Por último, el presidente Lagos descartó que se produzcan nuevas tensiones en el Consejo de Defensa del Estado, ya que se considera que se trata de una buena medida que “permitirá aclarar las responsabilidades del ex dictador”.
(Ricardo Soberón Garrido)