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El
país sigue indignado por aquellas escenas
transmitidas por la televisión, en las que
Abimael Guzmán, Elena Iparraguirre, Martha
Huatay y otros miembros de la cúpula senderista
aparecen en la sala en la que están siendo
juzgados con el puño en alto y abrazándose
entre ellos.
Y
no es para menos. Pese a la edad de los
involucrados, hay algo de pornografía y hecha
en casa. En lugar de quedar claro que estaban
sentados en el banquillo de los acusados,
derrotados, repudiados y camino a una severísima
condena, como corresponde por sus gravísimas
responsabilidades en la comisión de miles de
atentados terroristas, se les permitió enviar
su mensaje a la Nación: nada de arrepentimiento
y hasta orgullo por su monstruosa obra.
Nunca debió ocurrir y ofende a todos,
especialmente a las víctimas directas de la
violencia. Está bien, entonces, que haya habido
y siga habiendo expresiones de rechazo. "Ni
la más mínima concesión frente al
terrorismo" es un cliché, pero vale.
Recordemos siempre que este tipo de
personajillos, por más insignificantes que sean
moral, ideológica y políticamente, en países
como el nuestro pueden desatar una espiral de
violencia y echar a andar una maquinaria de
muerte y destrucción.
Sin embargo, a partir de ahí se ha producido
una serie de reacciones que no hacen sino
completar lo patético y grave de la escena.
Una vez más, y como si nada hubiese cambiado,
hay quienes recurren a la histeria como
respuesta. Y en estado de excitación total se
puede sostener cualquier cosa: desde que el ángulo
del brazo de Guzmán era un mensaje para los
senderistas del Huallaga (supuestamente a punto
de tomar el poder), hasta que hay que instaurar
de nuevo tribunales militares sin rostro, sentar
a la CVR en el banquillo de los acusados y
salirnos de la competencia de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, otra vez la
mala de la telenovela.
Ni la más mínima objetividad sobre el estado
de derrota en que, para bien del país, se
encuentran Sendero Luminoso y el MRTA, ni sobre
las verdaderas causas que permitieron que un
grupúsculo como SL pudiera casi derrotar a todo
un país, o sobre lo que, finalmente, cambió el
curso de la guerra (para nada la mano dura o la
represión indiscriminada). Menos aún sobre la
agenda pendiente que dejó tanta "barbarie
contra barbarie" durante casi veinte años,
en la que está incluida la necesidad de
"sanear" legalmente las condenas de
quienes, siendo culpables, fueron juzgados
innecesariamente al estilo Fujimori-Montesinos,
es decir, sin respetar ni el más mínimo estándar
universal (juicios sumarios realizados por
tribunales militares sin rostro con una
legislación cuestionada por todo el mundo)
La amnesia mental y emocional opera de nuevo.
Todo vuelve a quedar en el olvido, y lo que
parecían avances irreversibles en materia de
valores democráticos y derechos humanos se
desvanecen en un instante. Por lo menos en un
buen número de autoridades, políticos y -cómo
no- periodistas y medios de comunicación, todos
hasta hace muy poco en la línea democrática de
lo políticamente correcto. Y eso es mucho más
peligroso que haber visto de nuevo a la
envejecida cúpula de SL con el puño en alto,
porque si hay algo que fue cómplice y le hizo
el juego a los senderistas y emerretistas fueron
los errores que desde nuestro lado (Estado y
sociedad) cometimos a la hora de combatirlos. Al
respecto, recomendamos leer lo que dice el
Informe de la CVR y no volver a los discursos de
Fujimori (Ver texto completo de la nota en este
Portal).
(Ernesto de la Jara Basombrío)
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