Lima, 11 de noviembre del 2004

El país sigue indignado por aquellas escenas transmitidas por la televisión, en las que Abimael Guzmán, Elena Iparraguirre, Martha Huatay y otros miembros de la cúpula senderista aparecen en la sala en la que están siendo juzgados con el puño en alto y abrazándose entre ellos.

Y no es para menos. Pese a la edad de los involucrados, hay algo de pornografía y hecha en casa. En lugar de quedar claro que estaban sentados en el banquillo de los acusados, derrotados, repudiados y camino a una severísima condena, como corresponde por sus gravísimas responsabilidades en la comisión de miles de atentados terroristas, se les permitió enviar su mensaje a la Nación: nada de arrepentimiento y hasta orgullo por su monstruosa obra.

Nunca debió ocurrir y ofende a todos, especialmente a las víctimas directas de la violencia. Está bien, entonces, que haya habido y siga habiendo expresiones de rechazo. "Ni la más mínima concesión frente al terrorismo" es un cliché, pero vale. Recordemos siempre que este tipo de personajillos, por más insignificantes que sean moral, ideológica y políticamente, en países como el nuestro pueden desatar una espiral de violencia y echar a andar una maquinaria de muerte y destrucción.

Sin embargo, a partir de ahí se ha producido una serie de reacciones que no hacen sino completar lo patético y grave de la escena.

Una vez más, y como si nada hubiese cambiado, hay quienes recurren a la histeria como respuesta. Y en estado de excitación total se puede sostener cualquier cosa: desde que el ángulo del brazo de Guzmán era un mensaje para los senderistas del Huallaga (supuestamente a punto de tomar el poder), hasta que hay que instaurar de nuevo tribunales militares sin rostro, sentar a la CVR en el banquillo de los acusados y salirnos de la competencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, otra vez la mala de la telenovela.

Ni la más mínima objetividad sobre el estado de derrota en que, para bien del país, se encuentran Sendero Luminoso y el MRTA, ni sobre las verdaderas causas que permitieron que un grupúsculo como SL pudiera casi derrotar a todo un país, o sobre lo que, finalmente, cambió el curso de la guerra (para nada la mano dura o la represión indiscriminada). Menos aún sobre la agenda pendiente que dejó tanta "barbarie contra barbarie" durante casi veinte años, en la que está incluida la necesidad de "sanear" legalmente las condenas de quienes, siendo culpables, fueron juzgados innecesariamente al estilo Fujimori-Montesinos, es decir, sin respetar ni el más mínimo estándar universal (juicios sumarios realizados por tribunales militares sin rostro con una legislación cuestionada por todo el mundo)

La amnesia mental y emocional opera de nuevo. Todo vuelve a quedar en el olvido, y lo que parecían avances irreversibles en materia de valores democráticos y derechos humanos se desvanecen en un instante. Por lo menos en un buen número de autoridades, políticos y -cómo no- periodistas y medios de comunicación, todos hasta hace muy poco en la línea democrática de lo políticamente correcto. Y eso es mucho más peligroso que haber visto de nuevo a la envejecida cúpula de SL con el puño en alto, porque si hay algo que fue cómplice y le hizo el juego a los senderistas y emerretistas fueron los errores que desde nuestro lado (Estado y sociedad) cometimos a la hora de combatirlos. Al respecto, recomendamos leer lo que dice el Informe de la CVR y no volver a los discursos de Fujimori (Ver texto completo de la nota en este Portal).
(Ernesto de la Jara Basombrío)