Lima, 18 de noviembre del 2004

En los últimos días, hemos sido testigos no sólo de una nueva crisis judicial sino también de una suerte de “histeria política” originada por el descontrol en el  manejo público del juicio contra Abimael Guzmán y la cúpula senderista, en el  caso de la academia “César Vallejo”.

Luego que dos vocales se inhibieron de conocer el caso, se quebró la audiencia y se produjo el desenlace que -debido a los excesivos formalismos de los procesos  judiciales- parecía nunca llegar. El juicio volvió a fojas cero y se anunció la composición de un nuevo tribunal que juzgará el caso. Sin lugar a dudas, ésta ha sido la mejor salida o, mejor dicho, la menos dañina. La nueva Sala estará integrada por Pablo Talavera, Jimena Cayo y Victoria Sánchez, magistrados de destacada trayectoria y experiencia judicial que garantizan plenamente la normal conducción del nuevo proceso.

Estando resuelto este tema, creemos que se debe definir la estrategia judicial del Estado, la misma que debe tener en claro cuántos procesos se le seguirá a Guzmán y a sus demás co-acusados de la dirigencia nacional senderista. En este asunto se impone la necesidad de desarrollar un proceso de acumulación de las principales causas judiciales seguidas contra ellos y, de este modo, elaborar un paquete complejo de pocos casos. Resulta poco probable y hasta contraproducente que, basándose en la cantidad de implicados y de hechos ilícitos perpetrados y el estado procesal de las diferentes causas, se decida acumular todos los casos en un gran proceso judicial.

No olvidemos que en estos procesos judiciales, Guzmán y la cúpula senderista serán sometidos a la justicia en calidad de dirigentes, es decir, como aquellas personas que planificaron, organizaron y ordenaron ejecutar diversos actos criminales de naturaleza terrorista. Siempre se debe tener presente que los delitos cometidos por Sendero Luminoso fueron perpetrados por una organización criminal en cuyo vértice jerárquico se encuentra Abimael Guzmán, y, por tanto, la responsabilidad penal que tienen resulta ineludible y -a estas alturas de nuestra historia- plenamente demostrada. De otro lado, es sumamente importante que, luego de establecer la acumulación de los casos, se determine una fecha cierta y próxima para el inicio del nuevo juicio.

Por otro lado, tengamos en cuenta que desde hace algún tiempo el senderismo viene desplegando una estrategia legal que tiene dos objetivos muy definidos: entorpecer la continuidad de los procesos judiciales para luego exigir sus excarcelaciones por exceso en el plazo de detención y generar vicios insalvables para cuestionar a nivel internacional la legalidad y legitimidad de los mismos.

Desde nuestro punto de vista, esta estrategia tiene que ser sustancialmente combatida por el Poder Judicial y el Ministerio Público, para obtener un juicio impecable, desarrollado en el tiempo oportuno y realizado respetando las reglas del debido proceso. En ese sentido a la Procuraduría antiterrorista le corresponde asumir su condición de parte procesal y acompañar e impulsar este proceso. Por ello no terminamos de entender el objetivo de las críticas formuladas por el procurador contra el presidente de la Sala, más aun si estas no tienen sustento alguno.

Ante la evidente derrota política y militar del senderismo hoy, el reto de la nueva Sala Penal es lograr su derrota en el terreno judicial y demostrar que el Poder Judicial de la democracia puede actuar con justicia y severidad.
(Carlos Rivera Paz)