Lima, 18 de noviembre del 2004

Hace unos días, un diario local publicó una encuesta sobre la “inseguridad ciudadana” en Lima (El Comercio, 15/11/04), a propósito de los linchamientos populares en diferentes lugares del país. La idea central de este informe es que, ante la incapacidad de las autoridades para detener y sancionar a los delincuentes, la ciudadanía empieza a mostrarse a favor de las manifestaciones de justicia por mano propia.

Es preocupante constatar que a la pregunta de por qué los linchamientos populares, el 45% de la población responde que es por falta de autoridades honestas, y el 41% por falta de leyes adecuadas. Luego, cuando se pregunta a los encuestados cuál es su posición si las autoridades faltan y la población toma la justicia por su propias manos, el 61% de la población responde que tiene derecho a tomar la justicia por sus propias manos, pero sin llegar a matar, frente a un 35% que señala que la población no tiene derecho a tomar justicia por sus propias manos. 

El problema es serio, pues no hablamos de casos aislados. Hace algunos días, otro diario local informaba que en el Perú se habían producido en lo que va del año 1993 linchamientos, de los cuales 695 habían ocurrido en Lima. En ese mismo período, dicha fuente agrega que se han registrado 18 muertos por ajusticiamientos populares a nivel nacional (La República, 04/11/04).

En relación con las causas de esta situación, se señala en primer lugar la falta de agentes policiales, pues se afirma que la Policía cuenta con 92 mil efectivos en actividad para atender a una población de 24 millones de habitantes. Según el congresista Luis Gonzáles Posada, se requiere 70 mil policías más, así como 300 nuevas comisarías, para atender cabalmente las necesidades de la población en todo el territorio nacional. La segunda causa es la benevolencia de las leyes. Se explica que las normas penales no sancionan con prisión efectiva las faltas y los delitos menos graves. Así, quienes son sorprendidos en flagrante delito, robando por ejemplo un televisor, son puestos a disposición de la Fiscalía, la cual denuncia penalmente sólo con orden de comparecencia. (La República, 04/11/04).

La problemática de la inseguridad ciudadana es de tal envergadura, que incluso afecta la economía del país. Nelson Manrique, en una columna de un diario local (Perú 21, 15/11/04),  señalaba que el 17% de la Población Económicamente Activa está empleada en el rubro "Seguridad", cifra que supera a la de la PEA del sector manufacturero industrial. Esto tiene graves implicaciones. Como señala este autor, lo que se gasta en seguridad no crea nuevos valores que se incorporen al mercado, genera más bien costos que son cargados al precio final de los bienes y servicios que se producen, encareciendo los productos.

El problema es complejo, y merece un estudio detenido y sereno de especialistas y de la población en su conjunto. Asimismo, creemos que esta discusión no puede darse al margen del proceso de reforma de la justicia en curso en nuestro país. De otro lado, estamos convencidos que la sobre-criminalización y la sobre-penalización no son salidas serias y efectivas. Tampoco creemos que la respuesta deba de darse solamente en el campo de la represión penal, sino en el campo de la prevención. Quizá una pista para comenzar a encarar este problema, es la implementación de las medidas alternativas a la pena privativa de la libertad. En todo caso, el tema está planteado.
(Juan Carlos Ruiz Molleda)