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Lima, 18 de noviembre del 2004 |
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Un
hecho importante se dio a conocer hace unos días:
la Fiscalía Especial de Derechos Humanos de
Ayacucho logró ubicar 17 fosas clandestinas con
los restos de aproximadamente 21 comuneros de
Tircus e Irquis (provincia de Huanta), que según
los denunciantes fueron asesinados por una
columna senderista, durante la madrugada del 20
de setiembre de 1984. El fiscal Tomás Infante,
a cargo de la investigación, indicó que las
exhumaciones se iniciarían a principios del año
2005, a causa de la época de lluvias (La República,
13 de noviembre). El
asesinato de pobladores de Tircus e Irquis es
uno de los graves hechos de violencia que se
dieron durante los 20 años de violencia política
en nuestro país. Y al igual que todos, fue un
hecho que destruyó historias de vida personal y
creó fisuras en nuestra historia colectiva. La
justicia que los familiares de las víctimas
vienen buscando desde hace 20 años, encuentra,
con el inicio de su judicialización, la
posibilidad de poner nombres y sanciones a los
responsables. Y en este punto, la actuación de
nuestro sistema estatal de justicia debe tener
como objetivo no volver a afectar a las víctimas
y sus familiares, logrando que a través de la
judicialización se logre la tan anhelada
justicia, que ha sido largamente postergada. Por
ello, nos atrevemos a decir a los operadores del
sistema de justicia que, por encima de sus
deficiencias y contrariedades, que ahora
buscamos resolver, no deben olvidar el papel
principal y determinante que tiene para la
viabilidad del país el investigar y sancionar a
los responsables de las violaciones a los
derechos humanos cometidas durante los años del
terrorismo. Cierto es que estamos (aún) en un
proceso de reforma del sistema de justicia, pero
también es verdad que el hacer justicia no sólo
depende de la capacidad y la organización del
sistema, sino también de la sensibilidad y la
capacidad de indignación de sus operadores. Ya
la Comisión de la Verdad y Reconciliación en
su Informe Final ha plasmado el significado de
lo sucedido y la urgencia de lo que nos toca
hacer, correspondiéndole al sistema de justicia
reparar y encontrar la verdad. “...La
verdad sería encontrar a los verdaderos
culpables de todo lo que ha pasado, a los
autores intelectuales y materiales de todo lo
que ha pasado, si se encuentran algunos
culpables van a ser pocos, a muchos no les va a
caer la justicia”, según dice el testimonio
de una víctima de la violencia política,
recogido en el libro “Para no olvidar”,
el mismo que plasma fielmente lo que el país
exige y lo que se espera del Ministerio Público
y el Poder Judicial. |