Lima, 25 de noviembre del 2004

La Primera Sala Penal para Reos en Cárcel de Lima ha protagonizado, con el procesado Fernando Zevallos, una audiencia donde éste parece haber faltado a la verdad (El Comercio, 25 de noviembre). ¿Qué debe hacer el juzgador cuando el procesado vierte declaraciones en juicio contrarias a lo que se tiene ya consignado, en pro de la búsqueda de la verdad en  el caso? Obviamente, pedir aclaraciones para resolver la contradicción. Es por eso que todos nos preguntamos por qué el vocal Aldo Figueroa, Presidente de la Sala e interrogador de Zevallos, no hizo nada al respecto.

¿Y sobre qué se contradijo el encausado, quien enfrenta serias acusaciones de narcotráfico? Zevallos, contra lo que aparece en el expediente y el acta oficial de transferencia por la venta de sus acciones en Aerocontinente, indicó que ello sucedió en 1994 y que “viajó a Estados Unidos porque durante ese año obtuvo su visa de residente estadounidense”.

Más allá de lo grave que es faltar a la verdad en un juicio (que podría por lo menos dar mérito a una sanción del juez), lo preocupante es que la Sala no haya actuado con acierto y rigor frente a esta situación. ¿Es ésta la adecuada actuación que se espera de los juzgadores? Simplemente, situaciones de este tipo no se le pueden “escapar” a la Sala. Demás está decir que intriga saber cómo ponderará la Sala tales incoherencias al momento de resolver. La forma de cómo este tribunal viene actuando es doblemente cuestionable si tenemos en cuenta que es el mismo que ha expedido un fallo inexplicable en el caso Utopía (ver nota en este mismo portal).

Lo sucedido puede perjudicar al proceso y al esclarecimiento de los hechos, así como cuestionar a los juzgadores, suscitando dudas legítimas sobre cómo se seguirá dirigiendo el juicio en futuras actuaciones procesales, cuando ni siquiera se pregunta oportunamente por una clarísima contradicción. Justicia Viva seguirá con atención este proceso, dado su carácter emblemático.
(Cruz Silva Del Carpio)