Lima, 10 de febrero del 2005

Según el Sistema Integrado de Administración Financiera del Sector Público (SIAF-SP), el Poder Judicial no ejecutó 46 millones de soles de lo desembolsado por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) en el año 2004. No olvidemos que este resultado aparece casi en paralelo con el reciente pronunciamiento del Tribunal Constitucional a favor de la intangibilidad del presupuesto judicial por el Poder Ejecutivo.

Al analizar el problema de la no ejecución, son diversas las causas que pueden haberla originado. En primer lugar, el MEF suele dictar todos los años un paquete de medidas de austeridad destinadas a recortar el gasto público, siendo un hecho que esto afectó al Poder Judicial el año pasado. En otras ocasiones se producen transferencias de partidas de una institución a otra, teniendo que “ceder” éstas parte de su presupuesto. Estos motivos no agotan la lista.

En segundo lugar, es probable que lo no ejecutado se vincule con problemas de gestión financiera y estratégica del propio Poder Judicial. En este caso, la responsabilidad recae exclusivamente en esta institución. En esta línea, es probable que el Poder Judicial no haya tenido la suficiente capacidad de gasto y que por ello una buena parte de los 46 millones no se haya ejecutado. Incidimos en esto ya que este panorama no es una realidad ajena al Poder Judicial. Recordemos que desde el 2002 viene arrastrando un proceso de licitación que por lo menos hasta el tercer trimestre del 2004 no había culminado por completo.

En uno u otro caso, el Poder Judicial está en la obligación de establecer una sólida política de transparencia. Está en la obligación de rendir cuentas y brindar las explicaciones necesarias a la sociedad sobre temas de interés público que el marco democrático exige, y con mucho más razón a partir de que el Tribunal Constitucional haya resuelto la autonomía económica del Poder Judicial para fijar su proyecto de presupuesto, sin mayor restricción fiscal.

Como puede deducirse, la suficiencia de recursos (auspiciada por el fallo del Tribunal Constitucional) no implica per se una gestión judicial eficiente ni transparente. He ahí el rol que debe jugar la sociedad civil para asegurar el correcto empleo de los recursos públicos.
(Wilson Hernández Breña)