Lima, 14 de julio del 2005

La súbita excarcelación de los hermanos Moisés y Alex Wolfenson ha provocado la indignación de la ciudadanía. La Primera Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema, y en particular su cuestionado presidente, el vocal Robinson Gonzáles Campos, están ahora en el centro de la tormenta al haber acogido, con una celeridad sospechosa, la solicitud de liberación por exceso en el plazo de detención preventiva presentada por los Wolfenson.

Para decretar la excarcelación, los magistrados supremos se valieron de la ley 28568, que equiparó irregularmente el arresto domiciliario, la prisión preventiva y la pena privativa de la libertad; ley de efímera vigencia que el propio Congreso de la República derogó en el lapso de una semana ante la presión cívica surgida del escándalo de su promulgación, y fue puesta en vigor para favorecer indebidamente a los corruptos y otros delincuentes.

Con ello, la mencionada Sala Suprema incumplió su deber de inaplicar una ley que colisiona con la Constitución (control difuso de constitucionalidad previsto en el artículo 138 de la Carta Fundamental), al vulnerar el principio de igualdad y afectar el contenido esencial de las instituciones jurídicas “pena” y “régimen penitenciario”, constitucionalmente protegidas (ver: Comentarios a la Ley 28568 que modificó el artículo 47 del Código Penal).

Esta semana se ha conocido un conjunto de iniciativas dirigidas a enmendar o sancionar el desatino judicial, desatino que se suma a las anteriores decisiones desacertadas del Congreso, que aprobó la ley en una maniobra oscura; del Ejecutivo, que no la observó pese al clamor de la población; y, del presidente del Legislativo, que la promulgó y ordenó su publicación de manera precipitada.

Así, la Procuraduría Anticorrupción que lidera Antonio Maldonado protestó fuertemente y anunció la presentación de un recurso de nulidad contra la resolución, indicando que, de no prosperar, planteará una acción de amparo. A la vez, la Procuraduría viene promoviendo la interposición de una acción de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional. Por su parte, algunos parlamentarios han iniciado los trámites de una acusación constitucional ante el Congreso contra los miembros de la Primera Sala Penal Transitoria firmantes de la resolución.

No obstante, dada la situación límite a la que el país ha llegado en materia de lucha contra la corrupción, la cual languidece ante la indiferencia de las autoridades, quizá la medida de corrección más importante no sea precisamente una de naturaleza jurídica o propiamente judicial, sino una de orden moral y cívico, a saber, la convocatoria, por el prestigiado obispo emérito Luis Bambarén S.J., a una serie de movilizaciones ciudadanas para exigir un nuevo impulso anticorrupción.

La primera de tales movilizaciones será este martes 19 a las 4 de la tarde en el Paseo de los Héroes Navales, significativamente frente al Palacio de Justicia. Quizá la manifestación directa de la ciudadanía haga reflexionar a las autoridades de los tres poderes del Estado sobre la necesidad de no seguir apañando los actos corruptos, sino sancionarlos con prontitud y justicia dentro de la Constitución y la ley.
(Abraham Siles Vallejos)