Lima, 18 de agosto del 2005

El inicio del juicio contra el grupo paramilitar “Colina” (caso en que IDL patrocina a la esposa de una de las víctimas) es, sin duda, uno de los hechos más importantes en el proceso de judicialización de violaciones contra los derechos humanos en nuestro país. Catorce años después de cometidos los crímenes más atroces atribuidos a este grupo, finalmente casi todos sus integrantes y promotores están sentados frente a un tribunal para que rindan cuentas sobre los crímenes de lesa humanidad perpetrados bajo el manto del régimen autoritario del prófugo Alberto Fujimori.

Como se sabe, luego de haberse iniciado cuatro procesos judiciales diferentes por los casos de la matanza de Barrios Altos, la desaparición y ejecución de 9 estudiantes y un profesor de La Cantuta, la desaparición del periodista Pedro Yauri y de los pobladores de El Santa, se decidió acumularlos y tener un solo megaproceso de derechos humanos en el que se juzga a todos los involucrados como operadores de un solo plan criminal.

Este paso ha sido realmente fundamental para ordenar el juzgamiento de estos crímenes y de esta manera podemos dar cuenta que con este juicio se está comenzando el más importante proceso judicial en el sistema anticorrupción. Ello no solamente por las penas de 35 años solicitadas por la Fiscalía Penal Superior contra los acusados Vladimiro Montesinos, Nicolás Hermoza Ríos, Julio Salazar Monroe, Santiago Martín Rivas, y otras elevadas penas contra el resto de los acusados, sino también porque los crímenes del grupo “Colina” han significado casos paradigmáticos de la lucha contra la impunidad en el Perú y han sido la mejor demostración de que el régimen fujimorista no solo fue corrupto, sino que además desde el Estado ejecutó una política de violación contra los derechos humanos.

El hecho es que en el actual escenario político, marcado desde hace varios meses por importantes reveses de la lucha judicial contra la corrupción, el inicio de este proceso resultaba fundamental, ya que muestra con claridad la capacidad que el sistema anticorrupción (y sus jueces especialmente) aun mantiene para ser parte esencial en la lucha por la justicia y contra la impunidad del pasado.

Ello explica las diversas estrategias desplegadas por la defensa de los procesados, todas ellas dirigidas, primero, a impedir que llegue la fecha del juicio; y, segundo, a frustrar el inicio del mismo. Esas estrategias lideradas por la defensa de Montesinos, de los ex jefes del SIN y de Martín Rivas han sido especialmente derrotadas. El juicio ya se instaló y con ello se ha superado una etapa procesal particularmente difícil en el caso. Ahora se conoce más claramente cuáles serán los movimientos de cada uno de estos actores.

Corresponde en lo sucesivo enfrentar un proceso de interrogatorios que seguramente será largo, pero al cual se llega con los suficientes elementos de prueba que demuestran con solvencia no solo la comisión de los crímenes sino también la responsabilidad de los acusados. Ello seguramente determinará la posibilidad de que el juicio oral no se extienda de manera innecesaria y que en unos cuantos meses se dicte sentencia.
(Carlos Rivera Paz, abogado del IDL)