Lima, 25 de agosto del 2005

Ad portas de la presentación al Congreso del Proyecto de Presupuesto General de la República, hemos asistido a un fuerte debate en los medios de comunicación respecto del pedido del Poder Judicial (PJ) de duplicación de los recursos a él asignados. Recordemos que una sentencia del Tribunal Constitucional determinó que la propuesta presupuestal que formule este poder del Estado no podía ser modificada por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), para lo cual se exhortaba al Congreso a debatir y aprobar una Ley de Coordinación entre el PJ y el MEF, y al PJ a elaborar su presupuesto a partir del establecimiento de una política judicial de corto, mediano y largo plazo.

La discusión se inició con las explosivas declaraciones del Premier en CPN Radio, el viernes 19, en las que sostuvo que “el Poder Judicial consiguió del Tribunal Constitucional un fallo diciendo que tenía total autonomía presupuestaria, entonces que cobre tarifas, impuestos para financiar su presupuesto porque han enviado un proyecto con un aumento de 600 millones de soles, casi 200 millones de dólares, para el año que viene. ¿Cómo se va a financiar eso? No lo sé. Y si realmente son autónomos, que busquen sus propios recursos. Yo no sé cómo en un país podemos tener este tipo de autonomías donde se le pide al Ministerio de Economía y Finanzas dinero pero no hay ningún control sobre cómo se financia ese gasto”.

Más allá de la inmediata respuesta del Poder Judicial contestando alturadamente a tales declaraciones, la prensa se hizo eco de los argumentos de fondo, llegando a editorializarse en El Comercio bajo el elocuente título “Para qué un mayor presupuesto si la reforma no camina” (24 de agosto). Esta importante opinión mediática concluye afirmando que “en este contexto en que no se aborda seriamente la autorreforma ni los proyectos de la CERIAJUS, sería una irresponsabilidad pedir más dinero (1,157 millones contra 700 aprobados por el Ejecutivo) sin saber en qué se va a usar. Hacerlo en gasto corriente, sueldos y más burocracia sería volver a lo mismo”.

Al respecto, desde el Consorcio Justicia Viva hemos venido sosteniendo, de tiempo atrás, algunos de los términos del reanimado debate (ver sección especial sobre Presupuesto Judicial): hacían falta coordinaciones serias (con ley o sin ella) entre los poderes Ejecutivo y Judicial para que el reconocimiento de la iniciativa presupuestal del PJ sea coherente con los principios constitucionales de equilibrio presupuestal y eficiencia en el gasto (artículos 77 y 78), y no termine en la formulación de un presupuesto inviable por excesivo. Había que evitar el peor escenario: el de una ausencia total de coordinación entre el PJ y el MEF, puesto que allí predominarían las “estrategias” particulares, y el resultado sería dejar en manos del Congreso la opción entre dos alternativas extremas: un pedido exorbitante o dejar las cosas tal como están, planteándole al Congreso que decida a qué pliego le reduce los ingresos para cubrir lo solicitado por el PJ.

Al mismo tiempo, resultaba imprescindible que en el proyecto que elaboraba el PJ quedaran muy claramente establecidos los planes de reforma a implementar, puesto que pretender que se le otorguen mayores recursos, en desmedro de sectores como salud, educación o seguridad ciudadana, no era viable sin un plan de mejora del servicio de justicia muy detallado y con resultados concretos y medibles. Para ello no se estaba en pañales, sino que existían importantes iniciativas como el Plan aprobado unánimemente por la CERIAJUS que podrían dar pautas específicas.

Finalmente, las cosas anduvieron a su antojo, y comenzamos a observar las múltiples escaramuzas que se irán sucediendo en el tira y afloja que sostendrán el PJ y el MEF. Sin duda, no era ni es lo deseable, por lo que queda hacer votos por que se inicie una negociación informal a tres bandas que sustraiga de la comidilla pública este relevante tema y permita que se continúe consensuadamente con la tendencia de crecimiento de los recursos entregados al PJ (que fueron de 462 millones de soles en el 2001 a 635 en el 2005), teniendo como norte claros hitos a conseguir en la mejora del servicio de justicia.
(Alfredo Villavicencio Ríos)