Lima, 08 de septiembre del 2005

Como expresión de una práctica burocrática que no conduce a nada más que a una injustificable pérdida de tiempo, la inauguración de la iniciativa presupuestaria plena del Poder Judicial (PJ) mostró a los tres poderes del Estado pensando en sí mismos y no en el nuevo terreno marcado por el Tribunal Constitucional (TC).

El supremo intérprete de la Constitución reivindicó al PJ del secular maltrato presupuestario, que lo llevaba a ser considerado como cualquier otra dependencia administrativa del Poder Ejecutivo, para reconocerle la facultad plena de elaborar su proyecto de presupuesto de acuerdo a sus necesidades, aunque teniendo a la vista las limitaciones de la caja fiscal y previa elaboración de una política judicial de corto, mediano y largo plazo, en la que se reflejara el anhelo ciudadano de mejora sustancial en el servicio de justicia.

Para que esta iniciativa arribara a buen puerto, siguiendo el libreto muy razonable del TC, los tres poderes tenían que emplearse a fondo, estableciendo un escenario de intensas coordinaciones respecto de las funciones (complementarias) de cada uno en este terreno. Veamos el caso desde la teoría de los juegos.

 El Congreso debía pintar el campo de juego fijando los parámetros de coordinación a través de una ley, y el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y el PJ deberían ingresar a un partido que no es de los de suma cero (en el que una de las partes vence a la otra y la saca de escena), sino más bien de los de suma variable en su modalidad de negociación o motivación mixta: en donde, además de la rivalidad, hay una mutua dependencia entre jugadores, por lo que tienen que colaborar entre ellos aunque sea para evitar el desastre conjunto. Sin embargo, todos se pusieron de perfil y nadie cumplió con las reglas, prefiriendo ocultar el juego propio como si de póquer se tratara.

Como no hay plazo que no se venza, a comienzos de junio el PJ planteó una duplicación de su presupuesto (608 millones más) y a fines de agosto el MEF propuso que sólo se le dieran 32 millones más (5% más que en el 2005). Ambas partes comenzaron a rasgarse las vestiduras, señalando el PJ que ese ínfimo aumento no permitiría mejorar el servicio de justicia, en tanto que el MEF respondía que lo pedido por el PJ acababa con todos los indicadores macroeconómicos (inversión, déficit fiscal, etc.) y que con la suma propuesta el PJ ya había visto incrementados sus recursos en más del 50% desde el 2001 a la fecha.

La verdad de la milanesa sin embargo es otra, más allá de los yerros propios del noviciado que están pagando los tres poderes del Estado. En lo formal, se ha visto una clara falta de práctica democrática que conduzca al Congreso y al Ejecutivo a dialogar de tú a tú con un Poder Judicial siempre ninguneado. En cuanto al fondo, el tema gira alrededor de la ausencia total de un plan de reforma de corto, mediano y largo plazo que lleve a que todos los involucrados consideren lo otorgado al PJ como una verdadera inversión con réditos inmediatos al trazar una imagen de cambio irreversible hacia una justicia accesible, proba, independiente y menos congestionada. Estoy seguro que en un contexto electoral, no hay político que no hubiera querido ser parte de esta anhelada reforma que empezaba a ponerse en marcha seriamente, y, por tanto, los otros sectores estarían más bien reclamando por no ser los que verían recortados sus recursos.

La realidad, sin embargo, es otra, aunque el tema no está totalmente cerrado. El grupo de trabajo formado por PCM, MEF y PJ, tras la visita de PPK al Dr. Vásquez Vejarano se presenta como la última oportunidad para preparar la fórmula mágica: señalamiento de un claro norte de reformas sustanciales con resultados medibles y concretos en el corto, mediano y largo plazo y pedido de los recursos necesarios para su materialización. En esta dirección todos nos alineamos al toque. De otro modo, seguiremos lamentando la puerilidad inaceptable de quienes conducen la nación.

(Alfredo Villavicencio Ríos)
(Más información sobre el presupuesto del Poder Judicial)