Lima, 03 de noviembre del 2005

El miércoles 26 de octubre se inició el interrogatorio a los oficiales y subalternos del ejército peruano acusados de cometer una serie de delitos de violación a los derechos humanos, en el juicio oral que se les sigue a los presuntos integrantes del grupo Colina. El primero en ser interrogado fue el general (r) Nicolás de Bari Hermoza Ríos, quien ante las preguntas del representante del Ministerio Público y de la parte civil, argumentó que, en virtud de lo dispuesto por la Constitución, la Convención Americana y el Código de Procedimientos Penales, iba a mantenerse en silencio con relación a las preguntas que se le hicieran. Se iniciaba así la estrategia de silencio que ha sido seguida el día 2 de noviembre por otro de los principales implicados en este caso, el general (r) Julio Salazar Monroe, quien acotó que guardaba silencio hasta que la Corte Suprema resuelva la recusación planteada contra la Primera Sala Superior Anticorrupción que preside la doctora Inés Villa e integran las magistradas Inés Tello e Hilda Piedra.

Como hemos señalado en nota anterior (ver: A dos meses del inicio del juicio al grupo Colina), los militares acusados de pertenecer al grupo Colina han venido realizando un conjunto de acciones orientadas a demorar el inicio de los interrogatorios en el juicio oral en el que tienen que responder por los graves crímenes que se les imputa. Al habérseles acabado el tiempo para ello, han iniciado una nueva estrategia, la de permanecer en silencio y no responder las preguntas que le formule el Fiscal Superior, la Sala Penal y la parte civil. Repiten a pie juntillas la estrategia implementada por –al parecer todavía su líder– Vladimiro Montesinos Torres, quien observó similar comportamiento en varios de los procesos por corrupción que se le han seguido ante el sistema penal especial.

Esta estrategia del silencio, implementada por los altos mandos militares, empata con la decisión del Consejo Supremo de Justicia Militar de iniciar, de forma paralela al sistema de justicia penal ordinario, un conjunto de procesos judiciales a oficiales superiores de las fuerzas armadas acusados de cometer graves violaciones a los derechos humanos (ver: Grave e ilegal insistencia de la justicia militar en juzgar violaciones a los derechos humanos).

Estrategia a la que se suma la actitud del Comité de Selección de Ascensos de las Fuerzas Armadas que hace pocos días ha publicado en el diario El Peruano la relación de los oficiales de las tres instituciones de las fuerzas armadas que ascenderán desde el 1° de enero del 2006, y entre los que destaca la promoción a coronel EP del hasta hoy comandante Máximo Humberto Cáceda Pedemonte; el mismo que se encuentra acusado de asociación ilícita y complicidad en el delito de homicidio calificado y tentativa del mismo, en relación al crimen múltiple perpetrado en Barrios Altos. El Fiscal Superior ha solicitado una sanción de quince años de pena privativa de la libertad y el pago de una reparación civil de 100,000 nuevos soles.

Ante ello, cabe preguntarse: ¿son éstos los oficiales que merecen ser ascendidos?, ¿desde cuándo es mérito de ascenso el estar en condición de acusado de cometer graves violaciones a los derechos humanos? El Comandante General del Ejército y el Ministro de Defensa deben absolver estas interrogantes.

Han transcurrido dos años desde que la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) entregó a los tres Poderes del Estado y a todo el país su Informe Final. En él se plantea, con total reconocimiento de la situación de violencia vivida en los veinte años de estudio, la necesidad de que las víctimas de tan graves casos de violaciones a los derechos humanos obtengan la tan esperada justicia como parte de un necesario y urgente proceso de reparación integral. El caso del grupo Colina, materia de juzgamiento por la Primera Sala Superior Anticorrupción, es uno de esos importantes y trascendentales casos.

Por ello, en uso de nuestro legitimo derecho a la indignación ciudadana no podemos  permitir que los perpetradores de los casos de muerte y desaparición en Barrios Altos, La Cantuta, El Santa y Pedro Yauri, sigan implementando estrategias que buscan dilatar el proceso y sigan obteniendo en ese camino el respaldo institucional de las Fuerzas Armadas, las cuales pertenecen a todos los peruanos y no solo a los oficiales y suboficiales que las integran. Ahora más que antes debemos mantenernos vigilantes y dar respaldo ciudadano al valioso trabajo que viene realizando la Primera Sala Superior Anticorrupción.
(Antonio Salazar García)