Lima, 10 de noviembre del 2005

El Informe Defensorial Nº 97 tuvo como fin principal poner de manifiesto el estado en que se encontraban los casos judicializables por violaciones a los derechos humanos, presentados por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) y la Defensoría del Pueblo, a dos años de la entrega del Informe Final de la CVR. Ha sido propósito de Justicia Viva difundir sus conclusiones y recomendaciones, pero a la vez poner de relieve cómo es que, por lo general, el escaso avance en estos procesos se debe a la falta de organización, planificación y coordinación tanto de las autoridades del sistema como de cada uno de sus operadores (jueces, fiscales, policías, abogados). Ello, sin contar la desidia de los mismos (ver Especial).

De lo ya señalado, pareciera que el subsistema de derechos humanos implementado especialmente para procesar dichos casos estuviera creado para obstruir el avance. La implementación, tal como lo señaló el Informe Defensorial, fue realizada a partir de las urgencias de los procesos. De otro lado, los casos habían de protegerse de la amenaza constante de la justicia militar, que insiste en asumir jurisdicción respecto de delitos de lesa humanidad y que no califican como “delitos de  función”. Una vez logradas las primeras acciones a fin de asegurar la ejecución de la sentencia, gran cantidad de medidas cautelares de detención no han llegado a concretarse, peligrando la seguridad de una futura sentencia. A ello, por si fuera poco, se adiciona la grave ausencia de defensa letrada que sufren mayormente las víctimas; y la inseguridad física que rodea a ciertos operadores de la justicia, testigos, peritos, víctimas y ex-comisionados de la CVR. Hay más deficiencias de las que el Informe Defensorial da cuenta, pero las reseñadas son las que el ciudadano de a pie puede percibir con más intensidad.

Para cada problema del proceso de judicialización, el Informe Defensorial ha señalado las medidas a tomar a corto y mediano plazo; todas ellas, consistentes en la mejor coordinación y fiscalización por parte de los operadores de justicia. Cierto es que el Informe también menciona la carencia de recursos económicos (que sin duda se debe tratar de proveer), pero a la vez descubre que es la mala gestión judicial el origen de las fallas del sistema. En este punto, hay que tratar de visualizar estructuralmente el problema, y caeremos en la cuenta que, además de las medidas propuestas por la Defensoría, lo que hace falta para contar con jueces y fiscales que dinamicen los procesos, y con autoridades que dirijan su avance, es el cambio de la cultura judicial existente (como bien indica reiteradamente el Dr. Pásara), una carrera judicial (y fiscal) –en la normatividad y en los hechos– que, de la mano del Consejo Nacional de la Magistratura, proporcione al sistema de justicia magistrados capacitados que asuman con responsabilidad y compromiso su labor. Todas estas exigencias no son exageradas, si es que recordamos que, de estos procesos depende, además de la sanción a los autores de las matanzas ocurridas en esos 20 años investigados por la CVR, todo un proceso de reconstrucción y reconciliación nacional.
(Cruz Silva Del Carpio)