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Lima, 17 de noviembre del 2005 |
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El
pasado fin de semana se dieron a conocer los
resultados del concurso para nombrar nuevos
vocales y fiscales supremos titulares. El
desenlace: desierto, el primero, y nombramiento
del magistrado Pablo Sánchez para el puesto de
fiscal supremo (ver:
comunicado y Resolución
Nº 1125-200-CNM). A
pesar de no haber dejado sin efecto el concurso,
por las razones expuestas en abundancia (ver:
Suprema
selección de magistrados: saque usted sus
propias conclusiones),
las cuales se evidenciaron en los resultados
parciales de la convocatoria (ver: De
los siguientes postulantes saldrían los próximos
magistrados supremos, Vocales
supremos: aprueban (casi) sin examen escrito),
la decisión final del Consejo Nacional de la
Magistratura (CNM) ha puesto en evidencia la
seriedad con que se está tomando la selección
de vocales y fiscales supremos, y ello no puede
ser sino apoyado, puesto que quienes ocupen los
más elevados cargos de la magistratura tienen
que demostrar una trayectoria vital limpia y
fructífera, gran versación jurídica y
conocimiento profundo de los problemas por los
que atraviesa el servicio de justicia. Si
bien se toca en otra nota (PROFA:
La Comisión de Justicia del Congreso tiene la
palabra), la oportunidad es buena para
destacar los problemas que viene ocasionando la
exigencia del PROFA en lo que respecta a la
postulación de destacados juristas para estos
cargos, a la vez que para insistir en la
necesidad de que se produzca el cambio de tipo
de examen que se usa en los concursos para
magistrados supremos. Desde nuestro punto de
vista, para esto último no es necesario que se
formule una reforma de la Ley Orgánica del CNM,
puesto que en ella se plantea simplemente que
tiene que existir un examen escrito sin acotar
el tipo, por lo que no hay cómo deducir que sólo
tienen cabida las pruebas de respuestas múltiples. En
ese sentido, urgen modificaciones a nivel
reglamentario y, de ser necesario, también
legales, puesto que el problema de la
provisionalidad en las instancias supremas debe
ser resuelto, pero no de manera cosmética, sino
por el contrario colocando en dichos puestos a
juristas que den la talla verdaderamente. |