Lima, 17 de noviembre del 2005

El 13 de noviembre pasado, el diario El Comercio publicó una encuesta realizada por la empresa Apoyo los días 10 y 11 de este mes, a 1,618 personas en 15 ciudades del país. En ella se revelaba que solo el 10% aprueba la gestión del Poder Judicial (PJ).

Si tenemos en cuenta que en agosto pasado este poder del Estado tenía 13% de aprobación ciudadana, y en octubre 12%, podemos concluir que este 10% recientemente registrado no hace sino confirmar la ya baja percepción de la población sobre el PJ. Estas cifras tampoco son novedad, pues en agosto del año pasado la aprobación era del orden del 12% y en diciembre del mismo año sólo el 13% confiaba en la judicatura. Pese a los esfuerzos de cambio iniciados, y a que contamos con un Poder Judicial en democracia, este poder del Estado aún no logra remontar una persistente percepción ciudadana negativa.

Ante esta situación, la actitud que el Poder Judicial debe evitar es atribuir estas cifras a una campaña de desinformación de la prensa. Independientemente de que existan malos periodistas, hay un mensaje que la población nacional está tratando de trasmitir a la judicatura, y es su cuestionamiento a la forma cómo se viene prestando el servicio de justicia. Esta, y no otra, es la causa por la cual la población no se identifica ni se reconoce en sus magistrados. En efecto, si queremos hurgar en las causas de estas cifras, sólo tenemos que preguntar en qué quedaron los esfuerzos iniciados por la Comisión Especial de Reforma Integral de la Administración de Justicia (CERIAJUS) y por el propio Acuerdo Nacional por la Justicia (ANJ).
(Juan Carlos Ruiz Molleda)