Lima, 24 de noviembre del 2005

Reconocemos la actuación y el coraje de un reducido grupo de jueces y fiscales, el inicio de causas penales contra altos funcionarios públicos del gobierno pasado y el papel desempeñado por el Tribunal Constitucional en la lucha contra la corrupción. Pese a ello, el balance de lo hecho en los últimos cinco años es negativo, y el futuro, preocupante (ver: Lucha anticorrupción: urgente necesidad de enmienda).

Carecemos de una verdadera política pública anticorrupción, el tema no aparece en las agendas y prioridades de los partidos políticos, la Fiscal de la Nación y el Presidente de la Corte Suprema no lideran el esfuerzo anticorrupción, el Estado no transfiere los suficientes recursos económicos, existe un bajo porcentaje de implementación de las medidas anticorrupción propuestas por la CERIAJUS. Por su parte, los jueces y fiscales desaprovechan el marco normativo con el que cuentan, prefieren la forma al contenido y burocratizan los procesos de forma tal que le restan dinamismo.

Solo contamos con 24 sentencias firmes, un número importante de causas no llegan a juicio oral, los procesos demoran terriblemente, el subsistema se avoca a causas poco relevantes (casos Miyamoto y Constante Traverso) y no se priorizan los expedientes (lo que puede dar lugar a la prescripción).

Por lo demás, un sector de la judicatura nos tiene acostumbrados a la emisión de decisiones cuestionables y en el Poder Judicial existen operadores no confiables.

Urge una enmienda a fin de evitar que los esfuerzos hayan sido en vano. Tanto el Estado como la ciudadanía deben asumir la tarea de impulsar la lucha anticorrupción.
(Ronald Gamarra Herrera)