Lima, 24 de noviembre del 2005

Esta semana volvieron al debate dos temas fundamentales para la construcción del Estado de Derecho en nuestro país: la situación de la justicia de paz y la urgente necesidad de enmienda en la lucha anticorrupción. Ambos temas, reflejados en sendas publicaciones del Instituto de Defensa Legal (junto a otras instituciones) y el consorcio Justicia Viva, fueron comentados por profesionales que pusieron en evidencia la agenda (pendiente) a fin de mejorar el acceso a la justicia y evitar la impunidad en los casos del subsistema anticorrupción.

Con la presentación del libro “La justicia de paz en los Andes. Estudio Regional” (ver Presentación), se puso en claro que es imprescindible trabajar en puntos como: i) la promoción de la elección popular de jueces de paz en zonas con vida comunal, ii) la posibilidad de que el juez de paz cuente con potestades de coerción, iii) la creación de espacios de diálogo intercultural, a fin de lograr la mayor vigencia de los derechos humanos, entre otros. A ello, se sumaron las reflexiones de los comentaristas sobre la búsqueda de la legitimidad de la justicia de paz y, principalmente, la necesidad de que la ciudadanía esté atenta a las propuestas que indican que los abogados debieran asumir el papel de los jueces de paz, a pesar de saberse que, justamente, uno de los rasgos principales –y una de las razones del éxito alcanzado por la justicia de paz– es el que esta justicia se encuentre en manos de ciudadanos que no son abogados, y que deciden las controversias según criterios de equidad.

De igual importancia fue la presentación del balance 2005 de Justicia VivaLucha anticorrupción: urgente necesidad de enmienda”. Como conclusiones, se tuvo que, a la par de resultados positivos (como el significado histórico del procesamiento de los casos en lugar de seguir una política de “borrón y cuenta nueva”, el grupo de magistrados que cumplen de forma idónea su labor, el papel del Tribunal Constitucional, entre otros), el subsistema ha avanzado lento en el procesamiento de casos que por su gravedad urge impulsar (por ejemplo, los de violación a los derechos humanos), y que la existencia de decisiones cuestionables y operadores no confiables perjudican la lucha anticorrupción (ver Presentación). Sobre el particular, los comentaristas del balance coincidieron en señalar la ausencia de una política anticorrupción y la necesidad de seguir trabajando en ella, no sin olvidar que la demora de los procesos más graves se debe a la calidad de complejos de los mismos, situación por la que, en efecto, creemos que se debería priorizar el tratamiento de los casos.

Finalmente, es necesario indicar que tales investigaciones (que fueron posibles gracias al apoyo de la cooperación internacional) no sólo son importantes en sí por los temas tratados, sino también porque ponen en práctica el ejercicio serio y responsable de la participación y fiscalización ciudadana, esencial porque fomenta el interés ciudadano en los problemas del Estado y porque coadyuva a que éste no descuide temas de primer orden como el acceso a la justicia y la lucha anticorrupción, aún con agendas pendientes.
 
(Cruz Silva Del Carpio)