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Lima, 24 de noviembre del 2005 |
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El
14 de noviembre de 2004, mientras Ricardo
Huaringa Félix retornaba a su domicilio, fue
intervenido por el Capitán PNP Roberto Vásquez
Burga, el SO PNP Willy Ochoa Magallanes y el ET3
PNP Mario Valencia Castro, quienes custodiaban
el Hospital itinerante de la Solidaridad de la
Av. Túpac Amaru, Comas. La víctima habría
intentado arrebatar un reloj pulsera al capitán
Vásquez, por ello le propinaron múltiples
golpes en el abdomen que le provocaron la
ruptura del páncreas y el mesenterio; muy
grave, fue conducido al Hospital Cayetano
Heredia, lugar en el que falleció. Pamela
Huaringa Félix, hermana de la víctima y
testigo de estos hechos, denunció a los policías
que torturaron a su hermano y se inició por
ello un proceso judicial por el delito de
tortura. Un Juez Penal del Cono Norte abrió
investigación y ordenó la captura y detención
del capitán Vásquez Burga y el SO Ochoa
Magallanes, quienes en la actualidad se
encuentran detenidos en el Penal de Lurigancho.
El tercer implicado en los hechos, el ET 3 PNP
Valencia Castro, se encuentra con mandato de
comparecencia restringida. Desde
que Pamela Huaringa denunció la muerte de su
hermano, empezó a recibir llamadas
amenazadoras, a su casa y a su celular; le decían:
“Si
no quieres arreglar a la buena, atente a las
consecuencias”. Luego fue citada a
lugares desconocidos, para ello tomaban los
nombres de los abogados de Comisión de Derechos
Humanos (Comisedh) que la patrocinan. En una
ocasión fue intervenida, en el Poder Judicial
del Cono Norte, por personas desconocidas que
vestían terno oscuro, estas le ofrecieron
10,000 soles para arreglar; ante su negativa, le
dijeron: “Así
que no quieres arreglar a la buena, ¿no?”,
y se retiraron. Las
amenazas continuaron y la tarde del 22 de
noviembre, a casi un año de la muerte de su
hermano, Pamela Huaringa fue interceptada (a la
altura del Banco de la Nación de Comas) por una
mujer que la llamó por su nombre y le increpó
una supuesta deuda, luego fue subida a un auto station
wagon blanco, por 2 hombres, quienes le
cubrieron el rostro con una chompa, le colocaron
una cinta adhesiva en la boca y le ataron los
brazos. La llevaron a la cochera de una casa,
donde Pamela Huaringa fue brutalmente golpeada,
uno de los sujetos le introdujo el dedo en la
boca con mucha fuerza; finalmente, le echaron
agua al cuerpo. Estos
sujetos le decían: “Así
se sufre adentro, vas a pagar”. Escuchó
también que uno de ellos decía: “El
doctor dice que porque han hecho eso, ahora las
cosas se van empeorar”. A las 9
de la noche Pamela escuchó que sus captores
llamaron de un teléfono celular y decían: “Dice
el jefe que ya la suelten”; finalmente fue
liberada en el asentamiento humano Mi Perú, en
Ventanilla. Resulta
evidente que este acto proviene de quienes son
los responsables de la muerte de Ricardo
Huaringa Félix, los mismos que buscan intimidar
a su hermana Pamela, quien pese a estar
amenazada y haber solicitado garantías, no fue
objeto de protección de las autoridades
competentes, a quienes llamamos la atención y
responsabilizamos por lo que acaba de ocurrir.
Un nuevo testigo de una violación a los
derechos humanos es objeto de un atentado contra
su vida, una muestra más del estado de
desprotección en que se encuentran estas
personas. |