Lima, 01 de diciembre del 2005

La Corte Superior de Justicia de Lima ha emitido un comunicado informando sobre la reubicación de parte del subsistema anticorrupción: los 6 juzgados anticorrupción, desde el pasado lunes 28, están en los locales de los juzgados que procesan casos con reos en cárcel; y las tres nuevas salas, en el local donde venían funcionando dichos juzgados (el edificio Alimar). El cambio, a pesar de los fines indicados en la Resolución que lo autorizó, “para que las dependencias funcionen con eficiencia y oportunidad”, difícilmente conseguirá sus objetivos, por lo que urge una corrección.

Se ha indicado que la reubicación se debe a dos factores: i) que el local previsto para el funcionamiento de las 3 nuevas salas anticorrupción no está aún listo, “ya que el Ministerio de Economía y Finanzas aún no ha transferido los recursos necesarios”; y ii) que urge el que estas salas entren en funcionamiento “para que, a la brevedad posible, inicien sus actividades y puedan dar inicio a los juicios orales, evitando mayor retardo en la conclusión de los procesos”.

No obstante lo dicho, son otras las consecuencias previsibles de la decisión tomada por la Corte que preside María Zavala. El local en que ahora se encuentran los juzgados anticorrupción ha reducido casi al mínimo las condiciones adecuadas en que éstos venían tramitando los procesos: el espacio es insuficiente para tomar las declaraciones de los procesados; no todas las paredes que resguardan los expedientes son de concreto, haciendo posible su pérdida; no se cuenta a la mano con un sistema informático que permita estar ágilmente conectado con las otras instituciones de justicia, etc. En conclusión, el cambio de locación, en lugar de mejorar la gestión de los procesos, la ha empeorado.

La decisión del traslado, creemos, debió tener en cuenta que los casos que tramitan estos juzgados son muy particulares: los llamados casos anticorrupción son casos en los que la impunidad está latente y en que los procesados han estado vinculados al poder, así que el Poder Judicial debe contar con condiciones óptimas para poder procesarlos. Por esto mismo es que sorprende el traslado de los juzgados hacia locales que no ofrecen las facilidades requeridas, poniendo en riesgo el avance de la lucha anticorrupción. Cierto es que las salas que ahora ocupan el antiguo local de los juzgados necesitan entrar en funcionamiento, ¿pero es realmente ése el efecto que se conseguirá? ¿Cuánto podrán hacer efectivamente las salas para llegar a los juicios orales esperados, en casi un mes faltante para terminar el año? Realistamente, muy poco, mientras que, a la par, la gestión de los juzgados se perjudica.

Ante tal panorama, el beneficiado probablemente será (si es que ya no lo es) la corrupción, y es por eso que los ciudadanos estaremos expectantes de que esta situación sea corregida en el menor tiempo posible. Las nuevas salas anticorrupción deben entrar en funcionamiento, sí, pero sin perjudicar a los demás órganos del subsistema mediante decisiones que ponen en duda la existencia de un planeamiento adecuado para reimpulsar la lucha contra la corrupción.
(Cruz Silva Del Carpio)