Lima, 15 de diciembre del 2005

El 26 de noviembre de este año se llevaron a cabo las elecciones para el decanato del Colegio de Abogados de Lima (CAL). Sin embargo, en esa oportunidad ninguno de los candidatos obtuvo el 50% de los votos necesario para alcanzar la victoria en primera vuelta. La segunda vuelta tuvo lugar el 10 de diciembre último, resultando vencedora la Dra. Greta Minaya Calle quien, con 9,145 votos, derrotó al Dr. Marcos Ibazeta, que obtuvo 8,827 votos. Cabe recalcar que de los 38,500 abogados inscritos en el CAL, sólo participaron en el proceso electoral el 51.75% (19,927).

La baja participación de los electores así como la poca atención que, tanto los medios de comunicación como la ciudadanía en general, han prestado a este hecho, contrastan con la verdadera importancia de la noticia. En efecto, se trata de la elección de la persona que liderará una institución que, de acuerdo con su propio estatuto, tiene como fines promover la justicia, defender y difundir los derechos humanos, cautelar el ejercicio profesional con honor, eficiencia, solidaridad y responsabilidad social, proteger el derecho de defensa y el buen ejercicio de la misma, defender los principios democráticos humanistas y desarrollar una educación jurídica permanente en todos los ámbitos de la sociedad. Todo esto en el marco de un diálogo y debate constante entre todos los agremiados.

Ciertamente estos fines parecen ser, hoy en día, utópicos. Y es que, en una generación que “(…) ha aprendido a creer en todo el mundo y en todos los órdenes de la vida, que la prisa es una necesidad, lo utilitario una virtud, la figuración sinónimo de valer, el grito y el anuncio una fuerza más importante que la razón (…)” (BASADRE, Jorge. Historia de la República del Perú), perseguir fines como los señalados en el estatuto del CAL, resulta muy difícil.

El reto, sin embargo, debe ser asumido por los abogados. En definitiva, muchos de los problemas más agudos de nuestra sociedad tienen que ver con las normas y su aplicación en realidades concretas. La relación de los abogados con dichos problemas es, entonces, ineludible. Nótese que no se pretende atribuir la responsabilidad absoluta de los problemas a los abogados, simplemente se busca que cada quien reconozca el papel que juega en cada situación así como que asuma la respectiva responsabilidad.

En el ámbito de la administración de justicia, que es el que nos atañe, el papel de los abogados es determinante. En efecto, aún cuando las falencias en este ámbito suelen ser atribuidas principalmente a los magistrados, lo cierto es que, por acción u omisión, los abogados son responsables de gran parte de los problemas.

Por acción, debemos señalar, junto con Luis Pásara (ver: Los abogados de Lima en la administración de justicia una aproximación preliminar), que los abogados son los verdaderos porteros de la ley. Aún cuando las influencias de los abogados son de la más diversa índole, basta con señalar, en este espacio, que la evidente asimetría en la información con relación a sus clientes hace que en muchos casos sean los abogados quienes decidan si un caso pasa al Poder Judicial o no. Por lo demás, ya dentro del proceso, la situación continúa igual: es el abogado quien decide qué hacer y cómo.

Lo más grave, sin embargo, no son las influencias por acción sino las omisiones. Para muchos, la responsabilidad social mide parámetros de acción, es decir, somos responsables de los problemas de la sociedad en la medida que la afectamos directamente y de modo activo. Sin embargo, existe también responsabilidad de quien, pudiendo cambiar algo, decide no hacerlo. Téngase presente que no se pretende negar la libertad de quien decide sino tan sólo reconocer su cuota de responsabilidad, en este caso concreto, en los problemas de la administración de justicia.

El caso de la defensa de oficio es claro en este punto; se trata, en definitiva, de un ámbito decisivo en cuanto acceso a la justicia se refiere, más aún cuando las desigualdades en nuestra sociedad suelen proyectarse en el ámbito de la administración de justicia. Teniendo en cuenta que la defensa de oficio estatal se encuentra en estado realmente calamitoso, creemos que el papel de los Colegios de Abogados debería ser mucho mayor. En tal sentido, baste recordar que el Código de Ética de los Colegios de Abogados del Perú señala expresamente que “La profesión de Abogado impone defender gratuitamente a los pobres, tanto cuando éstos se los soliciten como cuando recaigan nombramientos de oficio. No cumplir con este deber, desvirtúa la esencia misma de la abogacía. No rige esta obligación donde las leyes prevean la defensa gratuita de los pobres”.

En fin, consideramos que la elección de la nueva decana del CAL es de gran relevancia, toda vez que, como hemos señalado, es esta institución la que, de acuerdo con los fines que persigue, debe congregar a los abogados del colectivo más grande del Perú y promover el ejercicio de la profesión de manera más conciente y comprometida con los problemas de nuestra sociedad. La participación en la formación de los abogados, el control del ejercicio profesional y la promoción de la discusión y el debate, son algunos de los medios que pueden servir para perseguir las finalidades señaladas. Este es, pues, el reto principal que debe enfrentar la Dra. Greta Minaya Calle.
(Fernando Del Mastro Puccio)