Lima, 11 de mayo del 2006

Los dos juicios contra los presuntos integrantes del “Grupo Colina” en los casos Barrios Altos, El Santa y Pedro Yauri, el primero; y La Cantuta, el segundo, procesos judiciales que se llevan a cabo ante la Primera Sala Penal Especializada, que preside la doctora Inés Villa Bonilla, han tomado un curso sumamente importante para conocer, directamente de sus propios protagonistas, los sucesos de muerte, desaparición forzada y lesiones graves, cometidos por los integrantes del referido grupo paramilitar.

Como manifestamos en nota anterior, del 20 de abril (ver: Juicio al Grupo Colina: continúa confesión sincera de algunos acusados), varios de los integrantes del Grupo Colina, que han decidido acogerse al beneficio de la confesión sincera, están relatando a la Sala Penal que los juzga, los detalles de la forma cómo sus integrantes, dirigidos y comandados por Martin Rivas y Eliseo Pichilingue, cometieron tan atroces crímenes de lesa humanidad. Uno de los últimos en confesar ha sido el acusado Ángel Sauñi Pomaya, quien ha manifestado, en la sesión del 4 de mayo, que el Grupo Colina no solamente cometió los delitos por los que son investigados sus integrantes, sino que cometió otros crímenes más, como el asesinato de cuatro integrantes de la familia Ventocilla, hecho ocurrido en las afueras de la ciudad de Huacho en el año 1992.

Según explico el acusado Sauñi Pomaya: “Como Yauri había denunciado mediante su espacio radial de Huacho la detención desde mayo de ese año de la familia Ventocilla (Rafael y sus hijos Alejandro, Agripino y Simón) en la base militar de Atahuampa (Huaura), en represalia dicha familia fue torturada y luego baleada el mismo día de la muerte del periodista huachano (24 de junio de 1992)”. Según detalló, “la ejecución extrajudicial de esta familia huachana estuvo al mando de los jefes de ese grupo, Santiago Martin Rivas y Carlos Pichilingue Guevara (Expreso,  06/05/06).

Ante esta importante declaración, que se suma a la otorgada anteriormente por el acusado Fernando Lecca Esquen, las cuales se dan en el marco del juicio por la desaparición y muerte de los nueve estudiantes y un profesor de la Universidad de La Cantuta, los dos acusados Lecca y Sauñi, han solicitado que se les otorgue garantías para ellos y sus familiares, ya que temen por sus vidas. A estas solicitudes de garantías se suman las planteadas por la defensa de los acusados Douglas Arteaga Pascual y William Tena Jacinto, ambos acusados en los casos Barrios Altos, Pedro Yauri y El Santa, quienes han solicitado protección para ellos y sus familias. E incluso en la audiencia de hoy, 11 de mayo, en la Base Naval del Callao, el acusado Tena Jacinto llegó a señalar que el día de ayer había sido amenazado de muerte por parte de un interno en el penal San Pedro, ex Lurigancho; “tus días están contados”, le habría manifestado el interno en tono amenazante. Tena responsabilizó de tales amenazas a los efectivos militares Santiago Martin Rivas y Eliseo Pichilingue Guevara.

Vemos cómo se siguen desarrollando estos importantes juicios entre confesiones sinceras y amenazas de muerte para los que están confesando y para sus familias. A lo cual se suma necesariamente las actitudes de dilación del juicio desarrolladas especialmente por la defensa del acusado Martin Rivas, cuyo abogado de manera permanente no solamente dilata el proceso, sino que además utiliza palabras ofensivas contra las magistradas, el representante del Ministerio Público e incluso hoy, en tono amenazante, quiso obligar a declarar a su manera a la acusada Estela Cárdenas Díaz, por lo cual la Sala Penal Especializada tuvo que suspender la sesión matinal.

Consideramos de vital importancia que se les brinde la respectiva seguridad a aquellos integrantes del referido Grupo Colina que, acogiéndose a la confesión sincera, están proporcionando información valiosa para resolver los mencionados casos. Igual protección debe haber, desde luego, para las propias magistradas del caso, a quienes se les ha retirado el personal de seguridad (ver: Lucha anticorrupción: jueces desprotegidos). Pero pedimos a su vez a la Sala Penal Especializada una mano más firme para sancionar debidamente a quienes de manera permanente dilatan, perturban y hasta ofenden la majestad de estos procesos y con ellos a las partes procesales que integramos los mismos.
(Antonio Salazar García)