Lima, 15 de junio del 2006

Haciendo uso de sus facultades constitucionales, el presidente Alejandro Toledo concedió este miércoles 14 de junio de 2006 el derecho de gracia a Alfredo Jalilie Awapara, acusado de cometer delitos de corrupción bajo el régimen de Alberto Fujimori y quien estaba cumpliendo una sentencia de cuatro años por entregar 15 millones de dólares de indemnizaciones a Vladimiro Montesinos. Este derecho de gracia, similar al indulto, extingue la acción penal y la condena y elimina cualquier tipo de antecedentes penales y judiciales. Este acto del Poder Ejecutivo se aplicaría a cuatro  de los cinco procesos de corrupción que afronta el ex funcionario (Perú.21, 15/6/06).

Entre los delitos que se le imputan en los otros procesos, se puede mencionar el desvío de fondos de los Ministerios del Interior y de Defensa al SIN, el pago de la deuda tributaria del ex publicista fujimorista Daniel Borobio con fondos públicos, la adquisición de aviones MIG 29 y Sukhói y la compra de patrulleros para el Ministerio del Interior (El Comercio, 15/6/06).

El beneficio otorgado por Alejandro Toledo estaría justificado en cuestiones humanitarias, pues Alfredo Jalilie padece de cáncer en uno de sus ojos. Sin embargo, el abogado penalista Luis Lamas Puccio ha sostenido que el derecho de gracia es un beneficio que sólo se otorga por razones humanitarias en las etapas iniciales del proceso, cuando aún no se ha iniciado el juicio oral, etapa que ya habría precluído en algunos de los procesos (La Primera, 15/6/06).

La Procuraduría Anticorrupción ha manifestado su disconformidad con el perdón otorgado y calificó el acto como precedente negativo y contrario a la institucionalidad democrática (Perú.21, 15/06/06). Además, señaló que el derecho de gracia debe limitarse y no interferir con la independencia del Poder Judicial y con procesos judiciales en curso.

El hecho realmente preocupante es que, ad portas de culminar el régimen del presidente Toledo, se haya concedido este derecho de gracia presidencial a una persona condenada por el delito de corrupción de funcionarios en un caso emblemático del sistema anticorrupción. Si bien el beneficio de la gracia presidencial no alcanza al proceso que se le sigue por el pago de 15 millones de dólares como CTS a Montesinos, lo cierto es que la sensación que esto crea es que el Ejecutivo no solo hizo abandono de la lucha contra la corrupción, sino que además no tiene ningún problema de conceder beneficios a una persona condenada por ese delito.

Es más, pareciera que este beneficio no ha hecho otra cosa que allanar el camino para liberar al ex vice ministro fujimorista de toda responsabilidad, ya que en los próximos días la Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema, presidida por el vocal Robinson Gonzáles, deberá emitir sentencia justamente en el caso de los 15 millones. Para ser claros, allí las cosas no están seguras y no nos sorprendería que se anule la condena y se absuelva a Jalilie Awapara.

Todo ocurre en un momento en el que los procuradores cumplen dos meses impagos y sin ningún apoyo político en la labor que desarrollan. Inclusive, tal como lo ha señalado el procurador Maldonado, esta situación complica la intervención del Estado peruano en el proceso de extradición de Alberto Fujimori (Perú.21, 15/06/06).

Otro problema es que se debe precisar a qué procesos se refiere la gracia concedida, pues en la Resolución Suprema se aplica el beneficio, entre otros, al expediente 035-2003, el cual no existe. Ello generó que la Cuarta Sala Anticorrupción reprograme una audiencia contra el ex funcionario por el caso Borobio, pues no queda claro si la gracia se quiso otorgar al expediente que ella está siguiendo (el 035-2002) (Perú.21, 15/06/06).

Creemos que este suceso plantea la necesidad de que, en términos más o menos inmediatos, teniendo un nuevo gobierno electo, se replantee la decisión del Estado respecto a la lucha contra la corrupción. Estamos, pues, en un momento en el pareciera que la intención es sepultar definitivamente este esfuerzo.
(Carlos Rivera Paz)