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Lima, 22 de junio del 2006 |
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Una
noticia que no ha tenido mucha difusión periodística
ha sido el pedido de perdón que ha efectuado el
presidente de la República a la Comunidad
Universitaria, profesores, trabajadores y
alumnos, de la Universidad Nacional Enrique Guzmán
y Valle, La Cantuta, por el asesinato de nueve
estudiantes y un profesor de dicho centro
superior de estudios, hecho ocurrido el año
1992 durante el régimen de Alberto Fujimori y
que es materia de juicio en el sistema
anticorrupción. Esta
clase de gestos merecen una reflexión especial
no sólo porque se trata de algo inusual en un
jefe de Estado, ya que si bien es cierto el
presidente Alejandro Toledo no es la primera vez
que efectúa esta clase de declaraciones, sí
resulta relevante que lo haga a propósito de un
caso concreto de un crimen de lesa humanidad
como fue la matanza de los nueve estudiantes y
un profesor de la referida universidad. El
hecho de pedir perdón del más importante
funcionario del Estado nos trae al debate el
tema de la reconciliación, que es aún
un proceso incipiente entre los peruanos y
peruanas, por los hechos de conflicto interno
que vivió nuestro país entre las décadas de
los ochenta y noventa. Sin embargo, nos mueve a
reflexionar sobre la reconstrucción de nuestra
sociedad sobre cimientos de verdad, justicia
y reconciliación. Nos hace también ver lo
insuficiente que puede resultar esta clase de
gestos si es que no va acompañado de medidas a
favor de la verdad y justicia. Es
decir, cabe preguntarnos si el pedido de perdón
basta para iniciar el proceso de reconciliación,
o si no deberíamos esperar de parte del Estado
acciones más claras en torno a la obtención de
justicia para las víctimas de este caso, el
derecho a saber cómo ocurrieron los hechos y
por lo menos, sanción justa para los
perpetradores. Lamentablemente, ya casi a
finales de este gobierno, el balance no es
feliz. Por un lado, el proceso judicial aún
sigue en trámite, los familiares de las víctimas
desconocen el desenlace que puede tener el
proceso y la sensación en buena parte de la
ciudadanía es que éste como otros casos de
violaciones de derechos humanos podrían quedar
impunes. Si
adicionalmente, consideramos que es poco lo
avanzado en cuanto a implementación
de las recomendaciones de la Comisión de
la Verdad y Reconciliación por parte de las
instancias estatales, entonces, confirmaremos
que el panorama es poco óptimo. Es
por todo esto, que sin desmerecer el importante
gesto presidencial de pedir perdón, este
resulte claramente aislado dentro de un contexto
en el que poco o nada se ha hecho por las miles
de víctimas de la violencia política en
nuestro país. Como en otros temas, el
presidente Toledo y el Estado perdieron una
excelente oportunidad, la cual esperamos sea
retomada por el nuevo gobierno. |