Lima, 14 de setiembre del 2006

Esta semana se presentó ante la Comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso de la República, el Presidente del Poder Judicial (PJ), por un lado, para anunciar las medidas inmediatas que adoptarán y, por otro lado, para sustentar su posición en torno a la tan reclamada/exigida reforma judicial y al plan integral que –hace más de dos años– propusiera la Ceriajus (Comisión Especial de Reforma Integral de la Administración de Justicia).

Medidas anunciadas absolutamente insuficientes

En cuanto al anuncio de medidas inmediatas que la Corte Suprema adoptará, es de lamentar que el primer balance sea decepcionante. El doctor Vásquez Vejarano anunció un conjunto de medidas administrativas que –en nuestra opinión– no atacan la raíz de los problemas: visitas extraordinarias a las diversas Cortes de Justicia del país, revisión del desempeño de los magistrados provisionales, que todos los relatores de salas sean titulares, reorganización de la Mesa de Partes de la Corte Suprema, mayor control del horario de trabajo, plenos jurisdiccionales de las salas civiles de la Suprema para uniformizar la jurisprudencia, entre otras medidas.

Hablemos claro: no se necesitaba ninguna reforma judicial para llevar a cabo todas y cada una de las medidas que ha anunciado. Esas medidas debieron y deben ser implementadas por la Corte Suprema como parte de su trabajo ordinario, como parte de sus obligaciones legales y constitucionales. ¿Acaso las visitas extraordinarias o los plenos jurisdiccionales no están previstas ya en la Ley Orgánica del Poder Judicial? ¿Acaso el propio Presidente del PJ no anunció al inicio de su gestión, en enero del 2005, que sería más exigente con el horario de trabajo? ¿Acaso para reorganizar la Mesa de Partes se requiere declarar en reestructuración o reforma al Poder Judicial? ¿Qué pasó entonces?

Para combatir la corrupción al interior del PJ se anunció, entre otras medidas: revisar el desempeño de los magistrados provisionales, “exhortar” a los magistrados que se encuentren investigados el levantamiento del secreto bancario o solicitar los reportes de Infocorp (para determinar si tienen deudas pendientes en el sistema financiero). Sin duda, medidas claramente insuficientes, sobre todo si el ánimo va a ser tan sólo “exhortar” a los magistrados investigados que colaboren ¿y si se niegan, qué va a pasar?

Por el contrario, no se escuchó ni una sola palabra de dos medidas que la Corte Suprema podría poner en práctica de inmediato y que contribuirían enormemente a hacer más transparente la justicia y, por ende, a combatir la corrupción y la ineficiencia: permitir a la opinión pública conocer el currículo y la trayectoria de los jueces y vocales de todas las instancias del PJ, comenzando, evidentemente, por los vocales supremos (hoy día, publicados once); sobre todo ahora, que toca elegir dentro de pocos meses al nuevo Presidente del Poder Judicial. La otra medida es dar a conocer todas y cada una de las sentencias de la Corte Suprema, como ya lo hace el Tribunal Constitucional. Toda esta información puede ser incorporada en la página web del PJ y tendría un costo muy bajo. Es más, la cooperación internacional ya invirtió en un sistema y software para este propósito, pero hasta ahora no se implementa. 

Sin recursos no hay reforma

Sin recursos no hay reforma judicial. Ese pareció ser el mensaje de fondo del Presidente del Poder Judicial durante su presentación ante la Comisión de Justicia. A las pruebas nos remitimos. Primero, sostuvo la tesis –que no compartimos– que el Plan de la Ceriajus no se había implementado a la fecha, entre otras razones, por falta de recursos, pues la implementación de dicho Plan costaría 1,300 millones de dólares. Segundo, porque volvió a insistir en la necesidad de creación de más órganos jurisdiccionales como uno de los caminos de solución de los problemas que aquejan a la justicia. Tercero, porque en torno a la justicia de paz, advirtió que si el cargo comenzaba a ser ocupado por abogados, eso significaría 6,000 sueldos más y 6,000 secretarios de juzgados más.

Desde Justicia Viva y el IDL siempre hemos considerado que, en efecto, el sistema de justicia en general –no sólo el Poder Judicial, sino también el Ministerio Público, el sistema penitenciario, los abogados de oficio, entre otros– requiere de más recursos. Pero, a la vez, también nos ubicamos en el sector mayoritario del país que reclama mayor eficiencia y transparencia en el gasto y en la gestión. Por ejemplo, en el debate parlamentario sobre el presupuesto 2007 para el PJ, se debería conocer cómo y en qué se gastaron los recursos adicionales que este Poder del Estado obtuvo para el ejercicio 2006. ¿Cuánto se destinó a la justicia de paz? ¿Cuánto se destinó a la creación de nuevos órganos jurisdiccionales? ¿Cuánto se destinó a la Corte Suprema y al pago de devengados? Son algunas de las preguntas que debieran ser respondidas.

La Corte Suprema debería hacer un esfuerzo mayúsculo en maximizar la eficiencia en el gasto y en redistribuir los recursos. La experiencia en otros sectores como defensa o seguridad o instituciones como el Tribunal Constitucional, dan una idea de que eso es posible. Sería tomado, además, como una excelente señal por parte de los otros Poderes del Estado y de la opinión pública. En cuanto a las medidas de austeridad, se echó en falta que los vocales supremos no anunciaran la nivelación de sus haberes con los congresistas, medida tan exigida y esperada por el propio Parlamento (incluyendo a su Presidenta). En vez de ello, anunció ahorro en teléfono, gasolina, papel, toner, etc., por el monto de 800,000 nuevos soles (alrededor de 250,000 dólares americanos).

Respecto al Plan de la Ceriajus, el Presidente del Poder Judicial señaló que había sido un esfuerzo “histórico y extraordinario” y que sin duda “no era un trabajo más”, pero que tampoco era “la panacea”, expresión esta última que tomó de la intervención del congresista Mauricio Mulder. Luego pasó a sustentar las discrepancias que la Corte Suprema tiene con el Plan de Ceriajus y que se concentran en la propuesta de reforma constitucional: no están de acuerdo con una Suprema de sólo 11 miembros; no están de acuerdo que la Suprema sólo sea órgano jurisdiccional y ya no de gobierno; no están de acuerdo con la integración de representantes de sociedad civil en el órgano de gobierno del Poder Judicial; finalmente, tampoco están de acuerdo con el control disciplinario externo a cargo del CNM.

La Corte Suprema hace bien en ventilar en el Parlamento sus discrepancias con la reforma constitucional propuesta por la Ceriajus. También lo hizo en su momento en el seno de la Ceriajus, al votar en contra de esta propuesta y al presentar un dictamen en minoría que se incorporó en el documento final del Plan. Por tanto, ahora toca que el Parlamento no siga rehuyendo –como lo ha hecho en los últimos dos años– este debate constitucional pendiente sobre qué justicia queremos, esto es, qué modelo de Corte Suprema, qué modelo de CNM, qué facultades se les confiere, entre otros aspectos claves. Este debate debe ser público y convocarse a los mejores expertos para conocer su opinión sobre el particular.

Como vemos, la discrepancia de la Corte Suprema con el Plan de Ceriajus se concentra en la reforma constitucional que se propuso en materia de justicia. No se entiende entonces por qué la Suprema se mostró tan refractaria a implementar el resto de medidas de la Ceriajus, algunas de las cuales no suponían mayores recursos adicionales, como es el caso de las medidas referidas a la transparencia y la predictibilidad de la jurisprudencia de la Corte Suprema, a las que ya nos hemos referido.

En nuestra opinión, la magnitud, profundidad y complejidad de los problemas que aquejan a la justicia peruana, exigen cirugía mayor y no paliativos, como los que ha anunciado el Presidente del Poder Judicial en el Congreso. Este nuevo anuncio de reforma judicial ha sido tomado con cautela y hasta escepticismo por gran parte de la opinión pública y los medios de comunicación. El propio Presidente de la República ha pedido plazos concretos a la Corte Suprema para ver resultados tangibles. Creemos que esos plazos ya están dados por lo que le queda de gestión al actual Presidente del Poder Judicial y la actual legislatura en el Congreso.
(David Lovatón Palacios)