Lima, 28 de setiembre del 2006

Al parecer, el escándalo de ver a un vocal supremo recibiendo una “coima”, no se aparta del imaginario social. Sin duda, ésta es una válida explicación para entender cómo es que la desconfianza de los peruanos en el Poder Judicial —que en los últimos años siempre ha estado presente en altos porcentajes— se haya incrementado a niveles alarmantes. Según una reciente encuesta, elaborada entre el 9 y 10 de setiembre de este año por la Universidad de Lima, un 97% de personas confía poco (51.7%) o nada (49.7%) en esta institución (ver encuesta).

La muestra, realizada sólo en Lima Metropolitana y el Callao, es aplastante, y el Poder Judicial sale jalado en casi todas las preguntas. Ante la consulta de ¿cómo califica la administración de justicia en el Perú?, un 58.5% señala que es mala o muy mala, un 37.3% que es regular, mientras un minúsculo 2.8% responde que es buena. En tanto, sólo un 0.2% y un 8.4% piensa que la justicia es nada o poco corrupta contra un 90.5%, que la considera corrupta o muy corrupta.

Coherentemente, el problema de la corrupción va por delante, con un 62.8%, ante la pregunta de ¿cuál es el principal problema de la administración de justicia en el Perú?, ocupando los jueces un segundo lugar con el 14.4%, pues a decir de la población, el bajo nivel profesional de éstos también es una dificultad en el sistema de justicia. Están en tercer y cuarto lugar la lentitud de los procesos (7.3%) y la desigualdad en el acceso a la justicia (5.6%).

Si bien hay que diferenciar entre la percepción ciudadana y el fenómeno real, tratando de ser cautelosos en el uso de estos instrumentos de percepción, ya que los encuestados no son enterados o especialistas en el tema —es más, un 56.6% de los entrevistados indican que están poco o nada informados en los temas judiciales—, es también verdad que el clamor ciudadano está justificado ante problemas latentes que enfrenta nuestro aparato judicial, que podrían ser mejorados con voluntad política. Hay que recordar que desde hace dos años se tiene un Plan Nacional de Reforma Judicial elaborado por la CERIAJUS que espera ser debidamente implementado en sus medidas más importantes.

Si algo bueno se puede sacar del reciente escándalo del vocal supremo y, consecuentemente, del bajo nivel de aprobación del sistema judicial, es este nuevo impulso que están recibiendo los temas de justicia en el país, debido a la exigencia de la población por una urgente reforma (ver: ¿Comenzó, ahora sí, la reforma judicial?). Los primeros pasos ya se están dando (ver: Reforma judicial: necesidad de un “shock” de reformas; 41 medidas y 7 comisiones de la Corte Suprema: esfuerzo aún insuficiente). Esperemos que las medidas sean las más adecuadas y que las instituciones involucradas (Poder Judicial, Congreso y Poder Ejecutivo, entre otras), ahora sí, tengan la voluntad política de llevarlas adelante.
(Lilia Ramírez Varela)