EL JUICIO POR VIOLACIONES A LOS DERECHOS
HUMANOS CONTRA FUJIMORI

 

13 de diciembre del 2007

El lunes 10 de diciembre, fecha en la que se celebraba el 59 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se dio finalmente inicio al juicio oral contra Alberto Fujimori por los casos de graves violaciones a los derechos humanos que comprende la matanza de Barrios Altos (1991), la desaparición y ejecución de nueves estudiantes y un profesor de La Cantuta (1992) y los secuestros de Gustavo Gorriti y Samuel Dyer (1992).

Este hecho, al igual que la sentencia condenatoria impuesta el martes 11 contra Fujimori Fujimori, en el caso del allanamiento a la casa de Trinidad Becerra, ya convierte a los procesos contra el ex presidente y dictador en juicios históricos. Nunca antes un presidente había sido condenado, nunca antes un presidente de la república había sido procesado por violaciones a los derechos humanos.

La sentencia de extradición emitida en setiembre pasado por la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia de Chile no sólo marcó un precedente en nuestra región, sino que además señaló el más importante reto para el sistema de justicia peruano: juzgar a un ex jefe de Estado por violaciones a los derechos humanos. El tribunal especial, presidido por el magistrado supremo César San Martín, hasta ahora ha dado muestras de manejo prudente y oportuno de las cuestiones organizacionales y procesales exigidas a su tribunal. Por ello seguramente el proceso pudo comenzar sin mayores incidentes necesarios de resolver.

Una importante constatación que se puede hacer es que el tribunal apuesta por un juicio en el que prevalezca la libertad probatoria para las partes como la mejor garantía de justicia. La Sala Penal Especial había aceptado 43 personas como testigos, la parte civil ha presentado 9 testigos y la defensa ha presentado 32 testigos. Sobre estos últimos testigos hay que mencionar que un número importante de testigos presentados por el abogado Nakasaki son militares que actualmente están investigados y procesados por otros crímenes contra los derechos humanos. ¿Aportarán estos testimonios a esclarecer los casos de violaciones a los derechos humanos?

De otro lado, hasta la fecha podemos constatar algunos los siguientes elementos de la estrategia judicial de la defensa de Fujimori: Primero, pareciera apostar decididamente por un juicio largo, que se extienda en el tiempo, ya que ha presentado 32 nuevos testigos. Probablemente el mismo ex presidente crea que si el juicio dura más tiempo tendrá mejores condiciones para "ganar" más terreno político. Segundo, que todos los nuevos testigos del acusado son militares retirados que deben acreditar que en el gobierno del Fujimori no se violó derechos humanos, pero un buen número de esos testigos están investigados o procesados justamente por delitos contra los derechos humanos. Eso no es otra cosa que una manifestación de una orfandad probatoria del acusado. Todos esperábamos que la defensa de Fujimori nos sorprenda con alguna prueba que ponga en problemas la acusación, pero eso simplemente no ocurrió en ningún momento. Tercero, que la defensa pretende convencer al tribunal de su presunta inocencia a partir de elementos de información meramente formales al señalar que las Directivas de Pacificación prohibían la violación de los derechos humanos. Cuarto, que Fujimori, como se ha demostrado al inicio del flojo interrogatorio del Fiscal Supremo, buscará desviar sus respuestas para destacar algunos temas que "levanten" su imagen como el político trabajador, que desconocía lo que hacían los militares y que jamás supo de la existencia del grupo Colina.

Respecto de este último tema vale señalar que existe una urgente necesidad de que la fiscalía haga una reformulación de su interrogatorio, porque más allá de que el acusado Fujimori haya negado los cargos, es importante aprovechar al máximo las inmensas contradicciones surgidas de sus propias declaraciones, pero también es trascendente precisar lo que se pregunta para evitar que el acusado convierta al tribunal en un foro político en beneficio de sus intereses partidarios.

No fue otra cosa lo que vimos el primer día de audiencia cuando en un exaltado, pero planificado discurso político, Fujimori negó tener alguna responsabilidad en los crímenes que se le imputan.

Si como se dice, un proceso judicial es el terreno de disputa de dos posiciones antagónicas, en los siguientes meses -ya que no cabe duda que será un juicio largo- asistiremos a un proceso intenso y difícil en el que las primeras señales indican con bastante claridad que la tesis de la acusación (Fujimori autor mediato del delito) será la que se imponga.
(Carlos Rivera Paz)