| Uno de los pilares del Estado de Derecho es el respeto de las normas por todos. De otro modo, se instaura un régimen de privilegios, ajeno al de la igualdad ante la ley en el que, de manera general, el más fuerte incumple las leyes impunemente.
En el campo de la elaboración del presupuesto del Poder Judicial, tras mucho debate que llegó incluso al Tribunal Constitucional, se aprobó la Ley N° 28821, que diseñó un procedimiento basado en la coordinación entre los poderes Ejecutivo y Judicial, que debería conducir a compatibilizar las posibilidades fiscales con los requerimientos de recursos del más importante órgano del sistema de justicia. Todo ello, por supuesto, en el marco de un proceso de reforma de la justicia que involucrara medidas de corto, mediano y largo plazo, para volver a usar los términos del Tribunal Constitucional.
En ese contexto, desde antes de concluir el primer semestre del año, el Poder Judicial viene solicitando el cumplimiento de la ley aludida, de modo que se lleven a cabo todas las coordinaciones necesarias para la determinación de sus recursos ordinarios. Desde el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), en cambio, el tema no ha merecido mayor interés. Las puertas no se han abierto, ni se ha podido encontrar un interlocutor que conozca y procese los requerimientos.
Aunque también es cierto que el Poder Judicial no ha adjuntado una propuesta integral de reforma, ni siquiera se sabe qué medidas van a implementar de aquéllas que se aprobaron en CERIAJUS, algo se ha avanzado en esta ocasión y los recursos solicitados no se concentran en el ámbito de la creación de más órganos jurisdiccionales.
En todo caso, en esta oportunidad queremos llamar la atención respecto de la actitud del MEF, que si ya no se justificaba cuando no había regulación legal, ahora muestra un desdén y una prepotencia que no se condicen con el manejo democrático del Estado en un tema, como los recursos económicos, donde se puede ver con claridad la agenda política que se busca implementar desde el gobierno. Con lo que le queda al Congreso introducir la reforma y sus recursos económicos en el presupuesto o, simplemente, dejar que sigamos en una inercia en el que la ausencia de cambios comienza a ser muy notoria.
(Alfredo Villavicencio Ríos) |