| El 10 de octubre pasado se publicó en el diario oficial El Peruano, la resolución N° 240-2007-P-CSJLI/PJ, mediante la cual el recientemente electo presidente interino de la Corte Superior de Lima, César Vega Vega, cambia en parte el rostro a la justicia capitalina, a través de la reconformación de 3 Salas Superiores, la designación de una decena jueces suplentes y dos magistrados provisionales.
Como recordamos, esta práctica no es patrimonio de la gestión Vega Vega, puesto que a inicios de año, el cuestionado vocal Ángel Romero Díaz formuló similares cambios en la Corte de Lima (aunque en mayor magnitud) (ver: Cambios en la Corte Superior de Lima: ¿ordenando la casa?). Ello, al igual que su antecesor, sin expresar las razones que sustentarían la elección de los magistrados suplentes, provisionales ni la reconformación de las salas. Esta designación discrecional e inmotivada vuelve a poner en la agenda la imperiosa necesidad de elaborar un cuadro de méritos a partir del cual se cubran las vacantes con magistrados provisionales, así como se evalúen objetivamente los expedientes de quienes buscan ser magistrados suplentes. De otro modo, seguiremos con una puerta abierta al clientelismo en la designación de tales magistrados, cuestión que mella gravemente la independencia con que debe ejercerse la función jurisdiccional.
Ahora, si bien el nombramiento echa sombras sobre la legitimidad de los magistrados designados, es cierto también que ésta se construye día a día en el juzgamiento de casos concretos, respecto de los cuales estaremos atentos para verificar o desvirtuar los temores iniciales.
Finalmente, como es sabido, la autoridad en cuestión ha sido objeto de diversas críticas, que lo acercan a Romero Díaz no sólo en el nombramiento de provisionales y suplentes, sino porque el propio Vega Vega fue miembro de la Sala Suprema que juzgó a Luis Duthurburu, testaferro de Montesinos, a quien defendía su viejo amigo Ángel Romero (Correo, 02/10/07), y ha participado en muchas decisiones cuestionables sobre temas anticorrupción (Millón de firmas, liberación de los hermanos Wolfenson, etc).
Por lo pronto, advertimos que, con estos cambios, una de las preocupaciones que señalábamos en nuestro Justicia Viva mail Nº 322 (Designación de Presidente de la Corte Superior de Lima: una mala señal) parece no estar lejos de concretarse. Hace unos días, tras la elección de Vega Vega, nos preguntábamos sobre el sistema anticorrupción “¿va a cambiar y remover magistrados si sigue en el cargo en enero del próximo año, como lo hizo al inicio del presente su amigo Ángel Romero?”. Si la actual gestión de la presidencia sigue el rumbo que parece haberse trazado, no debemos sorprendernos que ello se materialice más temprano que tarde.
(César Bazán Seminario / Andrea Villavicencio Morales) |