La cantante Joan Baez, con la sabiduría típica de un trovador, se expresó sobre la relación entre las personas y la corrupción: “si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella”. Imposible ser más claro y certero, pues refleja fielmente una gran idea: si no combates lo maligno te vuelves parte de él. La sociedad civil y las instituciones públicas siempre deben estar en guardia ante una enemiga del progreso, como la corrupción.
En concordancia con esta idea, la Defensoría del Pueblo, en el año 2007, puso en marcha un plan piloto de anticorrupción en las regiones de Lambayeque, Ayacucho, Cusco, Arequipa y Apurimac, en las que se recibió un total de 767 quejas de corrupción, focalizadas principalmente en la región Ayacucho (296 quejas presentadas) y en general relacionadas con la Educación Escolar (306 en la materia). Esta realidad, sentó las bases para el anuncio de Beatriz Merino acerca de la creación de un equipo y un Plan Anticorrupción, el año pasado. El que en efecto, fue concretado este 6 de agosto, al anunciarse la presentación del nuevo Plan Anticorrupción de esta institución, y del equipo de trabajo encargado, con un presupuesto de 2 millones 265 mil dólares, otorgados por el Programa Umbral de la Corporación del Desafío del Milenio de Estados Unidos.
El Plan se estructura en base a dos ideas principales: la definición propuesta de corrupción y los principales problemas que esta ocasiona. La Defensoría afrontó la problemática de forma precisa, teniendo como resultado un aporte muy completo en cuanto al concepto de lo que es corrupto: “Relaciones entre funcionarios públicos y ciudadanos que afectan el correcto ejercicio de la función pública y el debido uso de los bienes públicos, afectándose por ello los derechos fundamentales de las personas”. Como podemos ver, se incluye al ciudadano como actor y protagonista de la lucha contra la corrupción.
De acuerdo a la presentación de la Defensoría, los principales problemas identificados fueron: generación de una débil estructura ética, corrupción como práctica social, habituación a las prácticas de corrupción, tolerancia a la corrupción, ausencia de denuncia por desconocimiento, indiferencia o falta de vías adecuadas y corrupción en la administración del estado. Ciertamente, todas estas situaciones irregulares coexisten con tal familiaridad, que la impermeabilidad a éstas por parte de alguna institución (cualquiera que fuese su naturaleza) o persona es, en el mejor de los casos, poco probable.
A su vez, la acción de este Plan se centra en realizar sistematizaciones de prácticas corruptas, revisión de quejas y denuncias de la población y un seguimiento a la eficacia real de las políticas anticorrupción. Todo ello mediante la generación de información sobre corrupción, promoción de la acción colectiva; es decir, generar una cultura de denuncia y tener incidencia en las políticas publicas a través del seguimiento y la propuesta.
Es una realidad que la corrupción en si misma es una negación de los mecanismos legalmente constituidos, y si bien es cierto que hay que tener en cuenta al individuo como agente activo corruptor de la organización colectiva (las personas evaden sus responsabilidades y las convierten en una falacia, en una abstracción en proceso fallido de concreción, que produce como consecuencia de su fracaso, la difusión de la idea de la necesidad de ser faltos de honestidad, para poder participar en el sistema. Convierte los servicios en engranajes empobrecidos por el embarre constante de un aceite corrosivo que pretende acelerarlo sin tener en cuenta límite alguno), no debemos perder de vista los orígenes de ésta: la falta de interés del Ejecutivo yel Congreso en implementar políticas para afrontar tan grave problema. Hecho innegable tras haber presenciado el nulo pronunciamiento del Presidente sobre la materia, en su discurso por 28 de julio, entre otros indicios (el fin de la ONA, falta de apoyo al subsistema Anticorrupción, entre otros).
Es por ello, que celebramos y miramos con esperanza el nuevo Plan Anticorrupción de la Defensoría del Pueblo, a la vez que anunciamos nuestra vigilancia, seguimiento y apoyo a éste, pues tenemos una meta en común: generar un sistema que tenga por centro gravitatorio la igualdad de oportunidades y de derechos de las personas; fin que se ve desdibujado por un fenómeno, puramente abyecto, como la corrupción.
(José Víctor Garcia Yzaguirre) |