LA ELECCIÓN DE VILLA STEIN Y VEGA VEGA:
NO QUEREMOS SER MÁS PAPISTAS QUE EL PAPA, PERO...

 

11 de diciembre del 2008

En esta oportunidad, el Vocal Supremo Javier Villa Stein logró salir elegido presidente de la Corte Suprema. En las elecciones del 2006 también lo quiso, pero no lo consiguió debido a una serie de cuestionamientos hechos de manera pública por diversos medios de comunicación, y, en privado, por varios magistrados de la misma Corte Suprema y otros jueces.

Dos años después, la mayoría de estos medios de comunicación y jueces decidieron apoyar –o por lo menos no hacer campaña en contra– y votar, respectivamente, por Villa Stein, convirtiéndolo en el nuevo presidente del Poder Judicial, uno de los tres Poderes del Estado. 

¿Quién cambió? ¿Villa Stein? ¿O cambiaron los medios y los jueces que antes estaban contra él y ahora están con él? Imposible que sea él, ya que los cuestionamientos en su contra tenían y tienen que ver con hechos y puntos de vista del pasado, cuando todavía no era vocal supremo, o apenas fue nombrado como tal, y, en la vida real, como en la serie “El Túnel del Tiempo” el pasado no se puede cambiar. 

En esto, quienes han cambiado, entonces, son los medios y los jueces. ¿Quiere decir que la elección de Villa Stein es otra señal de la evolución que, en general, está habiendo en el país y no para bien?

Pero la elección de Villa Stein como el número uno del Poder Judicial es un hecho consumado, pues se ha realizado de acuerdo a ley: después de dos años, el primer jueves de diciembre, la mayoría de vocales supremos titulares votaron por él. 

También hay que reconocer que esta vez, nuevamente, se informó oficialmente quiénes eran los aspirantes y cada uno cumplió con presentar un plan de trabajo, algo que, años atrás, cuando Justicia Viva pidió por primera vez que se hiciera, dicho consorcio fue acusado de pretender controlar al Poder Judicial. Se trata de un avance sin lugar a dudas. 

Pero también hay que decir, que este gesto mínimo de transparencia debió producirse mucho antes, y no a último momento, como ocurrió esta vez. Es por eso que insistimos en que debería aprobarse un reglamento que disponga la obligación de dar a conocer con un mínimo de tres meses de anticipación la siguiente información: nombres de los aspirantes, hojas de vida completas y actualizadas, propuestas, declaración patrimonial, casos patrocinados antes de ser magistrado (cuando corresponda), lista de los principales casos y sentencias en las que participó como magistrado. ¿Por qué no?

No puede ser que los jueces, tan formales para otras cosas, continúen siendo tan informales para elegir a sus máximas autoridades, al punto de no contar para ello de un reglamento propiamente dicho. Una mayor transparencia, junto con reglas preestablecidas y un debate público bien informado, terminaría con todo el “toma y daca“ que hay por debajo de la mesa y que se sabe ocurre siempre en estas elecciones. (ver: Justicia Viva Nº 341)

(Ernesto de la Jara Basombrío)