| Desde centros clandestinos de reclusión e interrogatorio, hasta represión de movimientos sociales por gobiernos autoritarios, el desarrollo de los derechos humanos en el mundo aún tiene un largo trecho por recorrer. En este desarrollo es imprescindible dar cuenta de cada paso firme y falso que se dé, ya que no solo la memoria es frágil, sino que de otra forma no se podría generar conciencia individual de la realidad global de la cual formamos parte, cuyas consecuencias nos conciernen tanto a nivel moral como práctico (no olvidemos que los derechos humanos son garantía de seguridad política y económica).
En ese sentido, este lunes 14 se presentó en Huancayo el Informe 2008 de Amnistía Internacional sobre el estado de los derechos humanos en el mundo, por el presidente de Amnistía Internacional en el Perú, Jorge Trefogli. El Informe presenta una perspectiva básica de los puntos clave para analizar los avances, retrocesos y estancamientos de los derechos humanos en cada país del globo. Sin embargo, resulta particularmente interesante el balance general que nos presenta el Informe sobre los temas largamente pendientes de las grandes potencias, y la cada vez más creciente voz ciudadana en pro de los derechos humanos.
Los 60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, son el eje de este análisis general. El compromiso unánime de los Estados en 1948 es comparado con la situación actual, luego de 60 años de politización de estos derechos por los dos bloques protagonistas de la guerra fría, cuyos países hegemónicos se encargarían -luego del fin de ésta- a supeditar los derechos humanos a conveniencias económico-políticas, y de relativizarlos en virtud de su posicionamiento como primer mundo, lo cual resultó un impedimento para la concreción de un "liderazgo internacional colectivo" y una transparente rendición de cuentas, como apunta el informe.
Justamente, las críticas giran en función de un "doble desafío [de los gobiernos del mundo] de pedir disculpas por seis décadas de fracaso en derechos humanos y de renovar su compromiso para obrar mejoras concretas"; lo cual dificulta aún más el impulso de un discurso alentador, ya que los principales gobiernos (entre ellos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU) pierden credibilidad constantemente a causa de su inacción: China y su compromiso con los derechos humanos, EEUU y Guantánamo, la UE y las "entregas extraordinarias" de sospechosos de terrorismo, Rusia y la intolerancia a la disidencia política; entre otros también mencionados por el Informe.
En materia de justicia las cifras declaran un estado de alarma: ".en al menos 81 países todavía se infligen torturas o malos tratos a las personas, (.) en al menos 54 se las somete a juicios sin las garantías debidas, y (...) en al menos 77 no se les permite hablar con libertad". Esto, sumado a la tensión y construcción de prejuicios entre "occidente" y "oriente", crea una ola de impunidad, desigualdad e injusticia persistente, punto resaltado por el Informe.
Es preciso hacer al menos una pequeña mención a la situación peruana que menciona el documento. El mismo señala dentro de lo positivo, entre otras cosas: el establecimiento por parte de la Corte Suprema de la responsabilidad de los integrantes de la cadena de mando en el caso de desapariciones forzadas, y el trabajo que ha permitido avanzar en cuanto al juzgamiento de responsables por violación de derechos humanos. En tanto al aspecto negativo, tenemos principalmente: la ausencia de un programa efectivo de protección a víctimas del conflicto armado, y casos de violación de derechos humanos estancados en el Ministerio Público.
Finalmente, el Informe hace presente el incremento de la participación de la sociedad civil y de los ciudadanos en general, en movimientos sociales que exigen la actuación de sus Estados y reivindican la importancia del respeto y desarrollo de los derechos humanos; lo cual hemos sentido de forma más cercana a través de las distintas manifestaciones de justicia transicional en la región.
Altamente recomendable, el Informe es un referente esencial para cualquiera que pretenda tener sólo un alcance elemental de la situación mundial de los derechos humanos, hasta para aquel que pretenda investigar y profundizar sobre un tema de tanta importancia.
(Aarón Verona Badajoz) |