| "La cárcel por más deplorable que sea, no es un
depósito de hombres. La vida no se suspende en
las prisiones; al contrario, en el espacio
reducido, el tiempo parece infinito."
(Hubert Lanssiers, "Los Dientes del Dragón")
Para muchos, hablar de la rehabilitación y resocialización del interno, resulta ser más una utopía o algo muy lejano de alcanzar. Desafortunadamente, las condiciones bajo las cuales "viven" muchos de los reclusos y su nivel de reincidencia en los delitos, ha generado que la ciudadanía pierda la confianza en la posibilidad de que un "delincuente", pues así se les llama, realmente pueda tener una oportunidad de reinserción a la sociedad, luego de purgar condena en uno de los penales de nuestro país. Más bien, con preocupación podemos decir que la sociedad e incluso muchas autoridades estatales han generado un sentimiento de indiferencia hacia un sector que registra casi 42, 000 presos y que, por el contrario, requiere mucha atención. Cuando hablamos de la cárcel, no hacemos referencia sólo al metro cuadrado o al espacio en el cual se encuentra confinada una persona por la comisión de un delito. Por el contrario, hacemos referencia a los derechos humanos de la persona que pasará ahí determinado tiempo de su vida.
Si bien, es reprochable (y de manera muy justificada) la comisión de un delito y por lo tanto quienes lo cometan debe cumplir una pena asignada en el marco de un debido proceso, sí creemos que desde la perspectiva de los derechos humanos las condiciones carcelarias deben ser óptimas, precisamente para lograr poco a poco la rehabilitación del recluso. Y es que no se trata de que la cárcel sea un caldo de cultivo de más delincuencia y crimen, lo que sólo crea resentimiento contra el sistema estatal y la sociedad; sino, por el contrario, debemos buscar que la prisión sea un espacio en el cual el interno pueda vivir con dignidad.
Si bien se ha puesto mayor énfasis a la problemática penitenciaria en nuestro país, sobre todo con el tema de la privatización o no de los penales para superar dificultades primarias como la precaria alimentación o condiciones de salud en muchos penales, es necesario señalar que muchas veces sólo la voluntad y la capacidad de organización son necesarias para lograr algo que parece imposible: la mejora de las condiciones carcelarias y la rehabilitación del interno.
Cuando hablamos del Penal de Lurigancho, lo primero que nos viene a la mente es el hacinamiento. El referido penal tiene capacidad para 3,204 presos, pero alberga con bastante dificultad a cerca de 10,000. Sin embargo, a pesar de esta dificultad tan grave, es importante señalar algunas iniciativas puestas en marcha por el propio Instituto Nacional Penitenciario, para lograr resultados óptimos en la mejora de los internos.
El pasado jueves, algunos integrantes del equipo de Justicia Viva tuvieron la oportunidad de visitar el denominado Pabellón 16 del Penal de Lurigancho. Este Pabellón es un programa piloto puesto en marcha desde hace dos años por el INPE, con la finalidad de otorgar un tratamiento penitenciario especializado a 102 jóvenes entre 18 y 24 años que realmente quieren reintegrarse a la sociedad.
Si quisiéramos resumir la experiencia vivida con los jóvenes integrantes de ese Pabellón, sencillamente basta sólo una palabra: magnífica. Y claro que fue magnífica, pues basta conversar con estos jóvenes, ver la manera en que se relacionan, y ver la forma en que están desarrollando sus capacidades para darnos cuenta que la rehabilitación al interior del penal sí es posible.
Sin duda, éste es un Proyecto que ha requerido mucho esfuerzo, pues tal como nos manifestaron los miembros del INPE, el Proyecto, además de tener un componente educativo, tiene un componente psicológico.
Si nos pidiesen resumir las principales características y ventajas de dicho Proyecto, podemos señalar en primer lugar que los integrantes del mismo se encuentran en un ambiente separado, lo que les otorga las facilidades necesarias para trabajar diversos talleres y potenciar sus habilidades. Asimismo, frente al hacinamiento que es el común denominador de este Penal, en este Pabellón podemos observar orden, limpieza y sobre todo un ambiente agradable.
Resultó muy emocionante y reconfortante para quienes compartimos toda una mañana con estos jóvenes, ver las ganas que tiene por aprender, plasmar sus habilidades y demostrarle a la sociedad que al interior del penal sí es posible "aprender cosas buenas".
De la reunión sostenida con el vice Presidente del INPE, Dr. Gerson Villar, la subdirectora del Penal de Lurigancho, Raquel Alvarado, el Dr. Humberto Meza, responsable del pabellón 16, y el profesor Abraham, responsable de la Biblioteca, y de la dinámica desarrollada por los jóvenes toda esa mañana, pudimos observar el gran trabajo que el INPE viene ejecutando y que sin duda, la sociedad civil debería apoyar.
Si bien muchas veces se ha culpado al Estado de no atender problemas tan urgentes como el referido a las condiciones carcelarias, la ejecución de proyectos como éstos nos reflejan que la posibilidad de lograr la rehabilitación de jóvenes que carecen de la libertad es posible en muchos casos, si se lleva a cabo un adecuado Plan de trabajo de parte de las autoridades como en este caso lo está haciendo el INPE. (Gabriela Ramírez Parco)
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