EL RACISMO INVISIBLE ENTRE NOSOTROS Y LA JUSTICIA

 

27 de marzo del 2008

¿Somos racistas? Por supuesto que sí, pero no hay conciencia de ello. El 21 de marzo pasado se conmemoró en Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, oportunidad para recapacitar sobre la urgencia de trabajar contra este problema estructural. El racismo, definido como "un modo de dominación social que se funda en identificar diferencias entre la gente, diferencias que son integradas en una jerarquía que va de lo superior (lo moral, sabio y hermoso) hasta lo inferior (lo perverso, ignorante y horrible)"[1], tiene sus orígenes incluso desde la época de la conquista. Ha evolucionado y permanece hasta nuestros días, tanto de manera evidente y sutil (por lo general), y muchas veces hasta inconsciente.

El problema, a parte del hecho del racismo en sí, es que esta forma de discriminación es una tara estructural en nuestra sociedad que nos impide encontrarnos, reconocernos, aceptarnos y avanzar; se refleja no sólo en el trato cotidiano social e insultos ("indio de mierda", "cholo de mierda", "negro de mierda", "este serrano"), en los chistes sobre negros o cholos, en el impedimento de personas de cierta apariencia y color a discotecas, sino que además, llega al propio sistema de justicia.

¿Cómo hacer para identificar nuestro racismo? El problema de ello es que el racismo en el Perú es más complejo de lo que parece. Esto es una explicación, mas no una justificación. Por lo general, el racismo conlleva a que grupos de personas no se unan a otros; pero en el Perú, sucedió lo contrario: el llamado mestizaje; pero no significó una unión, generó que los individuos no se sientan parte de uno u otro grupo, por un lado; y por otro, que se desconocieran los rasgos propios en pro de la igualdad de todos. Llega a ser una característica especial el que no tanto se diferencien grupos, sino que se discrimine individualmente a las personas. Históricamente, la diferencia racial se basó primero en una fundamentación religiosa (en donde los indios eran cómplices del demonio, una relación que los degradaba); luego se desarrolló el "racismo científico" donde se da una concepción del género humano bajo el concepto de raza, lo que definiría sus capacidades intelectuales y morales. La educación en costumbres e idioma sería el medio de la construcción de la peruanidad. Finalmente, el racismo ha llegado al campo estético, donde los rasgos asociado a lo blanco "son más bellos", una superioridad; en donde la piel cobriza o negra o el cabello "trinchudo" no son los más deseables[2].

Y aquí, sus consecuencias se reflejan en el limitado acceso a la justicia de quienes tienen determinados rasgos físicos o de color, en la diferencia de trato, la poca denuncia y sentencias (por lo menos, no se conocen muchas) de casos sobre racismo tanto a nivel de jurisdicción nacional como internacional, la falta de información sobre el tema del racismo y la justicia, o en la constatación de la Comisión de la Verdad y Reconciliación de que "la tragedia que sufrieron las poblaciones del Perú rural, andino y selvático, quechua y asháninka, campesino, pobre y poco educado, no fue sentida ni asumida como propia por el resto del país; ello delata, a juicio de la CVR, el velado racismo y las actitudes de desprecio subsistentes en la sociedad peruana a casi dos siglos de nacida la República"[3]. Para algunos expertos, el racismo siguió manifestándose también luego, cuando al conocerse el saldo cruel de la violencia, la sociedad no respondió acorde al nivel de la tragedia. Como señala Gonzalo Portocarrero, "En otras palabras los 70 000 muertos contabilizados por la Comisión fueron desairados. Aunque nadie lo dice abiertamente en realidad es poco lo que importan. E importan poco porque la mayoría de ellos fueron indígenas. Gente que no despierta ganas de identificarse con ellos"[4] (ver: video sobre las víctimas del conflicto).

Somos racistas, por supuesto que sí; generalmente incapaces de revertir esta situación aún luego de dar cuenta de lo que esta discriminación produce en la vida, la autoestima, y la dignidad de los afectados.

La justicia, para que logre con sus objetivos de tratar con igualdad y permitir un efectiva tutela jurisdiccional, necesita reconocer y comprender las taras que la estructura de la sociedad le ha delegado (¿de dónde sino provienen los magistrados y magistradas?). El racismo es una de ellas, muy lejos de no existir como tan lejos de aceptarse su existencia. Los actores y autoridades del sistema de justicia deben tenerlo en cuenta a fin de evitar tratos discriminatorios en el procesamiento de las causas (hay que tener cuidado con los razonamientos y estereotipos racistas, por ejemplo, en los actos delictivos), así como para tratar a sus pares y fomentar el acceso de los relegados en los puestos del propio sistema de justicia.

Cierto es que, en nuestra normatividad, la Constitución de 1993 reconoce el derecho a la igualdad y que existe en nuestra legislación la penalidad para la discriminación por raza entre otros criterios (artículo 323 del Código Penal), también es verdad que han comenzado a hacerse públicas ordenanzas municipales que condenan la discriminación (un mérito ganado en la lucha contra el racismo), pero ciertamente la normatividad no basta para resolver el complejo problema a grosso modo señalado[5]. Entre otros datos, un informe del Centro de Estudios de Justicia de las Américas -CEJA-[6] en relación a la situación de los afrodescendientes señala que en materia penitenciaria no existen cifras acerca del número de reclusos pertenecientes a la raza negra, que en el sistema de administración de justicia suelen ocupar puestos de muy poca responsabilidad (inexiste, por cierto, datos empíricos de la composición racial en el sistema), que mayormente la actividad para llamar la atención sobre la situación discriminadora contra los afrodescendientes se encuentra en acciones sociales de sensibilización, muy poco se ha llegado a los tribunales y menos aún de manera exitosa (la experiencia de las multas por parte de Indecopi ante prácticas racistas es de tipo administrativo)[7].

¿Qué podemos hacer? Primero, reconocernos como sociedad racista, para poder enfrentar abiertamente y con fortaleza el problema. Es un paso importante, sobre todo cuando autoridades han mostrado tener adversión a lo llamado cholo, andino o negro; cuando hay racismo asolapado o pretendido de justificar. Se necesita del reconocimiento social y personal de la tara estructural que ha llegado a estar presente en el sistema de justicia. Hay que ponernos a pensar que no sólo hay racismo cuando podemos identificarlo explícitamente (con una actitud, un impedimento de ingreso, el diferente trato, el insulto racista). A partir de ahí (y como también señala el Informe del CEJA), hay que emprender con fuerza el desterrar ideas racistas preconcebidas donde las haya entre los funcionarios y servidores judiciales, fomentar el acceso a la justicia de poblaciones que históricamente han estado relegadas, fomentar la denuncia y sanción judicial de estas actitudes y emprender de una vez las acciones de reforma relacionadas con los traductores (para que tengan igualdad de armas en el proceso quienes no), la igualdad en el buen trato judicial, el apoyo entre la llamada justicia estatal y la justicia comunitaria, entre otras.
(Cruz Silva Del Carpio)

[1] Gonzalo Portocarrero. Racismo y mestizaje y otros ensayos. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2007.
[2] Ibídem. Páginas 18-24.
[3] Conclusiones Generales del Informe Final de la CVR. Conclusión Nº 9.
[4] Gonzalo Portocarrero. Racismo y mestizaje y otros ensayos. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2007. Página 24.
[5] Para analizar más legislación nacional relacionada a la prohibición de la discriminación racial, ver: http://bastaderacismo.org/legislacion.php. A nivel supranacional, cabe señalar que en la Organización de los Estados Americanos se están desarrollando distintas etapas de negociaciones para la preparación de la Convención Interamericana contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación e Intolerancia. Tales documentos pueden consultarse en la siguiente dirección: http://www.oas.org/OASpage/Events/default.asp?eve_code=2
[6] Sistema Judicial y Racismo contra afrodescendientes. Brasil, Colombia, Perú y República Dominicana. Centro de Estudios de Justicia de las Américas (CEJA). Marzo del 2004 .
[7] A nivel comparado, es interesante el caso de la "Negra Nieves" en Colombia, donde se alegó ante los tribunales por discriminación racial. La "Negra Nieves" es una popular caricatura de Cali (lo que se asemeja en cierta forma al caso del personaje de la "Paisana Jacinta" en nuestro país), creada a fines de los sesenta y que representaba "a una empleada doméstica negra que hace chistes sobre la actualidad colombiana". La acción no prosperó porque se concluyó que antes de desacreditar a las personas de raza negra, las enaltecía. En: Informe CEJA, Marzo del 2004.

 
 
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