EL TESTIMONIO DE ROBLES

 

29 de mayo del 2008

Tras la declaración del General EP (r) Rodolfo Robles, el juicio a Fujimori ha ingresado a la etapa final de la presentación de testigos. Luego de él, solo quedan en lista Ketín Vidal, Julio Salazar Monroe, Juan Briones Dávila, Pedro Villanueva Valdivia, Vladimiro Montesinos, Nicolás Hermosa Ríos y Máximo San Román. Adicionalmente, la Sala Penal ha incorporado como testigo al integrante del Destacamento "Colina" Juan Sosa Saavedra.

En ese contexto y estado del juicio, resulta necesario analizar las declaraciones del general Robles y su trascendencia en este proceso. Al respecto, lo primero que es importante destacar es que se trata de un testimonio que el país entero conoció en mayo de 1993. Robles, a costa de su propia carrera militar y su seguridad personal, denunció que el crimen de La Cantuta era obra de un escuadrón militar del Ejército al mando del Mayor EP Santiago Martin Rivas. En su momento, fue un terremoto político que conmocionó al Perú.

Lo segundo que debemos señalar es que la denuncia que presentó el general Robles no solo ha sido ratificada en todos sus extremos y detalles por él mismo en este juicio oral, sino que, sobre todo ha sido corroborada y plenamente demostrada en el proceso judicial seguido ante la Sala Anticorrupción en el caso La Cantuta, en el que hace pocas semanas se ha condenado a los integrantes del Destacamento "Colina" y especialmente a Julio Salazar Monroe, quien cuando se produjeron los hechos era el Jefe nominal del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN). La defensa de Fujimori ha declarado públicamente que el testimonio de Robles se había "desinflado", pero pareciera olvidar que el caso por el cual se ha condenado a su patrocinado -Salazar Monroe- tiene como punto de partida la denuncia que Robles presentó hace 15 años.

Lo tercero que merece ser destacado es que, si biene cuando Robles hace su denuncia pública a inicios de mayo de 1993, señalando como responsables al Comandante General del Ejército Nicolás Hermosa Ríos y al Jefe real del SIN Vladimiro Montesinos, le exige al entonces Presidente de la República Alberto Fujimori, que tome las medidas las necesarias para sancionar a los responsables y, ante ello, la respuesta pública de Fujimori a Robles es "que el Ejército no es un club de señoritas" y muy por el contrario, se encontrará haciendo todo lo posible para respaldar legal y políticamente a quienes había sido denunciados como responsables. Para Robles este constituyó un momento fundamental, porque le demostró que el Presidente no solo conocía sino que era parte de quienes habían tomado las decisiones para la ejecución de ese tipo de operaciones.

Un cuarto asunto que se debe resaltar de sus declaraciones es el develamiento de un proceso de copamiento y manipulación de las fuerzas armadas, en especial del Ejército peruano, como parte de un proyecto político que Fujimori lideraba y que tenía a Montesinos como su principal instrumentalizador. Robles ha dado cuenta de cómo Fujimori y Montesinos fueron colocando en los puestos claves del Ejército a militares de estrecha confianza, y de cómo fueron corrompiendo las estructuras del Ejército.

Un quinto asunto del que Robles ha dado cuenta es el temprano copamiento e instrumentalización del Servicio de Inteligencia Nacional, por acción directa de Vladimiro Montesinos, para someterlo a los intereses personales del régimen. Para Robles, este proceso no comienza con el golpe de Estado de abril de 1992, sino que se inicia en 1990 desde la misma instalación del gobierno de Fujimori. Junto a esto, un sexto asunto es el incremento del poder del Servicio de Inteligencia Nacional bajo el mando de Montesinos. Ello no solo significó el incremento sustancial del presupuesto y del personal, sino también el incremento de atribuciones, inclusive legales, del SIN para intervenir en la producción de inteligencia militar -un campo que no le correspondía- y desarrollar acciones de inteligencia operativa.

Lo anterior significó también el sometimiento de los otros aparatos de inteligencia de los institutos armados, en especial de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINTE) y del Servicio de Inteligencia Nacional (SIE), al SIN.

Además, un séptimo aspecto que Robles aporta al proceso es el relacionado a la cadena de comando a la cual se debe vincular al Destacamento "Colina". Éste es un asunto fundamental en la decisión final que dicte el tribunal. Para Robles, existió una doble cadena de comando para la realización de las operaciones especiales de inteligencia que ejecutó el destacamento "Colina". De un lado la cadena de comando militar, cuya cabeza es el Comandante General del Ejército bajo cuya dependencia está la DINTE y el SIE. Y de otro lado, una línea de comando instalada en el Servicio de Inteligencia Nacional, organismo que desde muy temprano del gobierno fujimorista se había convertido en un poder de facto que estaba incluso por encima del alto mando del Ejército, y a través del cual el Presidente de la República emitía disposiciones para la lucha contra la subversión.
(Carlos Rivera Paz)

 
 
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