CNM DECLARA DESIERTO EL CONCURSO PARA FISCALES SUPREMOS: ¿ALGO QUE LAMENTAR?

 

13 de noviembre del 2008

Evidentemente, sí. Hemos sido testigos que desde hace cinco meses, en que se publicó la convocatoria para ocupar dos plazas en la fiscalía suprema, han habido 24 postulantes, dos de ellos considerados no aptos por el Consejo Nacional de la Magistratura (en adelante, CNM) (ver: Postulantes bajo la lupa: se inicia período de tachas en dos concursos del CNM y comunicado del CNM), que han transitado por un largo y costoso proceso de selección. Así es, un examen de 60 preguntas, una compleja evaluación de sus hojas de vida y una larga sesión de entrevistas personales, no es cosa fácil de organizar. ¿Y el resultado? Cero: después de tanto evaluar, sumar, multiplicar y dividir puntajes, seguimos con las dos vacantes desocupadas y los crespos hechos.

Sin embargo, ¿realmente hay algo que lamentar? Creemos que la decisión unánime tomada por el CNM se enmarca en el debido respeto al principio del mérito en el acceso a la función pública. Efectivamente, el CNM no tiene -felizmente- la obligación de concluir el proceso de selección con el nombramiento de algún postulante. Muy por el contrario, sí tiene la obligación constitucional de nombrar a personas verdaderamente idóneas para ejercer cargos en el Poder Judicial y el Ministerio Público, aquellos sobre los que no quepa duda alguna acerca de su solvencia para ocupar dichos puestos. En ese sentido, debemos calificar de, cuando menos, responsable la medida adoptada por el CNM. Ello da cuenta de que se ha tomado muy en serio la labor de nombrar a los siguientes fiscales supremos, entre los cuales probablemente hubiera estado el elegido para dirigir la acusación contra Fujimori en segunda instancia.

Lo positivo está, entonces, en que, habiendo considerado que ninguno de los postulantes encuadra a cabalidad en el perfil requerido para ser fiscal supremo, el CNM no haya cedido a la tentación de nombrar sin estar convencido de que el candidato reúne en sí todas las cualidades necesarias para tal alto puesto.

De los postulantes que aprobaron la primera etapa no podemos decir, de primera mano, mucho más que los resultados objetivos que obtuvieron durante el concurso (ver: Evaluación escrita y calificación curricular). Por otra parte, si es que hay algo que lamentar, es que más y mejores abogados en este país no estén dispuestos a ejercer cargos importantes dentro del sistema de justicia. Confiamos en que ello puede cambiar.
(Juan Luis Balarezo Revilla)