Dicen que la voz del pueblo es la voz de Dios. Pues ha hablado el pueblo sobre la administración de justicia. ¿Se equivoca? Ya quisiéramos, porque en esta Tercera Encuesta Anual sobre la Administración de Justicia realizada por la Universidad de Lima (en adelante, Encuesta), nuestras instituciones estatales ligadas al tema, no quedan muy bien paradas. Los problemas de los que habla la gente, como podía esperarse, son los ya atávicos que aquejan al sistema, como la corrupción o la lentitud de los procesos. Sin embargo, además de que algunas cifras echan una luz interesante sobre unos puntos específicos, el sólo hecho de que se nota un mayor pesimismo en relación con años anteriores, es algo que no debería pasar desapercibido. Comentemos primero las cifras más saltantes, para luego hacer una reflexión general en torno al problema.
Una nueva encuesta para analizar viejos problemas
¿Quién no atisba que la corrupción, siendo un problema tan generalizado como lo ha mostrado el escándalo de los Petroaudios, no atraviesa también con su efecto corrosivo a nuestra administración de justicia? Nadie seguro. Pero si hay algo que sorprende luego de leer esta Encuesta, es el lugar destacado que ocupa este problema en la mala percepción que se tiene sobre la justicia.
Por ejemplo, casi el 90% de los entrevistados están en el grupo de los que piensan que es corrupta (59.2%) o muy corrupta (28.5%). Esta cifra, lamentablemente, se repite desde el año 2006. Por otro lado, como dan cuenta los diarios El Comercio y La República, los entrevistados consideran que el principal problema de la Administración de Justicia es la corrupción, en proporción de 49%. Una cifra altísima sin duda, pero con todo menor a la del año pasado. En efecto, en el 2007, el 67% de la población entrevistada consideraba que el principal problema era la corrupción. ¿Qué puede explicar este fenómeno? Habría que notar que la pregunta se ha enfocado específicamente en la administración de justicia. Quizá hubiera sido distinto el caso si se hubiera preguntado en general por la corrupción en los asuntos públicos.
Lo positivo en todo caso de esta situación es que otros problemas que son tocados en la Encuesta, también graves, no se pierden en el grupo de las cifras diminutas. El año pasado el problema de la desigualdad en el acceso a la justicia ocupaba el 7%. Hoy el problema de acceso ocupa el 11%. Si bien el crecimiento es relativamente corto, vale la pena reparar en ello, sobretodo tomando en cuenta que en el año 2006 fue incluso menor, llegando apenas al 5%. Hay un interesante ascenso de la percepción respecto a este importante problema entonces.
Otro problema que ha cobrado importancia es el de la ausencia de nivel profesional de los jueces, que el año pasado llegaba al 6%, y hoy ocupa el 12%. Esta duplicación en el porcentaje es también importante y positiva. Desde nuestro punto de vista, legitima mejor reformas institucionales orientadas a dar mejor calidad profesional de los jueces y fiscales. Como ya sabemos, la mejora de la calidad de los magistrados debería incluir reformas que alcancen a las Facultades de Derecho, y pasa también por la mejora de los cursos dictados por la AMAG; todo ello ha recibido un espaldarazo en la novísima Ley de Carrera Judicial, que promueve la evaluación. Al respecto, si bien se tiene previsto evaluar a los jueces cada 3 años y medio en función a criterios adecuados, las consecuencias negativas de la desaprobación de la referida evaluación son tan ínfimas, que no sirven como incentivo adecuado para que los jueces realmente se preocupen por su formación. Un aspecto a reformar.
Otro punto interesante es que a pesar de que al 82% de las personas entrevistadas le preocupa, o mucho o bastante la situación de la justicia, casi el 60% se considera o poco o nada informado sobre el tema. Esto da cuenta, también, de un problema antiguo. De acuerdo a lo dicho, no parece ser la falta de interés el motivo por el que las personas carecen de educación legal. No es necesario que se sepa los vericuetos legales alrededor de lo que se conoce como prueba ilícita para que sea, hoy por hoy, un clamor nacional la pronta captura de León, por ejemplo. Hay espacio, pues, para que la necesaria labor de fiscalización que lleva a cabo la sociedad civil, se siga desarrollando. Otro dato importante a tomarse en cuenta.
Por último, y ya que el espacio de esta nota limita cualquier intención de hacer un análisis exhaustivo sobre la Encuesta, debemos hacer mención al resultado sobre la percepción de mejoría de la situación de la administración de justicia en el Perú. Según los datos, aquellos que piensan que ha mejorado son sólo 7%. En cambio, la gran mayoría piensa que la justicia ha empeorado (56%), cifra que supera al 48% del año 2006, y al 47% del año pasado. Crece entonces la mala percepción sobre la justicia.
A ello deben haber contribuido la desazón generada por casos de escándalo, como la recordada "absolución" a Romero, o algunos otros más que estuvieron en manos del Consejo Nacional de la Magistratura. También la corrupción al interior de las instancias administrativas del Poder Judicial, develada en casos como el de Mena Nuñez. Incluso podemos tomar en cuenta el rechazo mostrado por los jueces para la aprobación de una ley de carrera judicial, que a pesar de introducir meritocracia en la judicatura, lamentablemente sigue siendo atacada por los jueces. O quizá sea solo que el hastío aumentan cuando paralelamente se tiene la sensación de que ciertas condiciones sobretodo económicas mejoran, lo que da la impresión -nada errada- de que la justicia sigue ninguneada. Lo importante, en todo caso, es que esta tendencia es peligrosa, y si bien, por ahora, la mayoría rechaza la justicia por propia mano -un peligroso 32%-, sería necio esperar sentados a que las ánimos se caldeen aún más. .
Urgen cambios
Todos esos datos podemos reflejarlos en una variable: la confianza en la Administración de Justicia. Al igual que el año pasado, lo mismo que en el 2006, el porcentaje de los entrevistados que confían poco o nada en el Poder Judicial, supera el 90%. Uno no puede más que quedarse atónito con esta cifra. Es increíble cómo nuestro país, que innegablemente avanza en algunos sectores, pueda seguir manteniendo tan relegado a la principal entidad del sistema de administración de justicia, que es el Poder Judicial. Lo grave, lo que no debería perderse de vista, es que el crecimiento no va a poder consolidarse, y más se parecerá a una bonanza pasajera, si es que la población no ve que el Poder Judicial un apoyo para, entre otros objetivos, pacificar el país, para conciliarlo; un Poder Judicial aliado a la hora de seguridad en las inversiones, severidad para exigir el pago de las deudas, preocupado en que se paguen los salarios, atento a que se agilicen las adopciones; en suma un Poder Judicial insertado al engranaje del crecimiento, y no un extraño, un otro para los otros, los ciudadanos, que ahora tienen voz en esta Encuesta
Pero de ninguna manera, se puede caer en el pesimismo. Al contrario, hay aspectos favorables, que deben ser rescatados. Entre los más resaltantes están la lucha contra la impunidad, en algunos casos paradigmáticos como el de Fujimori, o en el caso La Cantuta; la realización, por primera vez en la historia, del Pleno Castario, que ahora ya va por su segunda edición; iniciativas destacables como la de los Congresos Nacionales de Magistrados; la puesta en marcha del Código Procesal Penal, que debe avanzar sin pausa pero sin prisa. Pero sobretodo, la labor silenciosa de muchos magistrados y funcionarios, y en general de todos aquellos que pelean por una justicia mejor, son parte también de un activo, que sin bien anónimo en muchos casos, es indispensable para que las cosas no empeoren, y en algunos casos mejoren. Al respecto nos complace saber que Chomsky, un especialista en estas luchas eternas, da cuenta muy bien esta labor, ya que, como él mismo dice, siempre le ha extrañado ver que en los países del primer mundo, los jóvenes siempre le preguntan qué hacer para cambiar las cosas; mientras que sus pares de esta parte del globo, siempre le cuentan qué están haciendo.
(Julio Avellaneda Rojas)