ELECCIÓN DEL PRESIDENTE DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL: PROCESO POCO TRANSPARENTE CON GRAVES ACUSACIONES

 

27 de noviembre del 2008

El próximo lunes 1 de diciembre del año en curso se realizará indefectiblemente la elección del nuevo Presidente del Tribunal Constitucional (TC). Como es de público conocimiento, el magistrado César Landa renunció inesperadamente en agosto pasado al cargo de Presidente del TC. Ante esta situación, se eligió en forma interina el magistrado Carlos Mesía para terminar el plazo que le quedaba a su antecesor.

Nuestra primera reacción es de sorpresa, pues en momentos en que escribimos este artículo, la prensa y la opinión pública desconoce quienes son los candidatos a ocupar el cargo de presidente. Antes de la entrevista el lunes pasado al magistrado Carlos Mesía en el programa No hay derecho de Radio San Borja, había trascendido que había dos grupos al interior del TC. De una parte teníamos el bloque compuesto por Vergara Gotelli, Eto Cruz, Ernesto Álvarez y Carlos Mesía, los cuales postulaban como candidato a este último; y de otra parte el grupo formado por Calle Hayen, Landa Arroyo y Beaumont Callirgos, quienes postulan a Ricardo Beaumont.

Sin embargo, en la referida entrevista en Radio San Borja, Carlos Mesía (ver: Entrevista), negó de manera categórica su postulación, y declaró que los candidatos eran Beaumont y Calle. Esta noticia sorprendió mucho a quienes seguimos con interés el trabajo del TC, pues sabíamos y sabemos que Calle y Beaumont son del mismo grupo al interior del TC, y que carece de sentido que ambos postulen.

Sin embargo, nuestra confusión e incertidumbre se hizo mayor cuando al día siguiente escuchamos declarar a Beaumont Callirgos en el mismo programa radial (ver: Entrevista).

Este señaló que “Nosotros en el Tribunal Constitucional tenemos la convicción de que el presidente interino Carlos Mesía sí va a candidatear y si no lo ha dicho al periodismo en general, me parece que está mintiendo y es poco serio. Son jugadas políticas de viejo cuño, en el sentido que él intenta presentar la candidatura de Fernando Calle y anteriormente a los medios le manifestó que incluso iba a votar por él” (resaltado nuestro).

Agregó este magistrado, que Carlos Mesía “está buscando quebrar al grupo integrado por César Landa, Fernando Calle y yo, haciendo creer que él no va a la postulación, pero llegado el momento puede contestar que su intención era no ir, pero luego dirá que algunos magistrados compañeros le pidieron que continuara, pero ya no como interino, entonces tuvo que postular”.

Nos preocupa que en estas condiciones de verdades a medias se realice tan importante elección. Si estas acusaciones son ciertas hay que preocuparnos. No solo se trataría de un acto de ocultamiento de la verdad de Mesía, sino de la forma como estaría manejando su candidatura, al parecer, negándola para evitar la vigilancia y la fiscalización de la prensa y de la opinión pública.

Consideramos que el futuro Presidente del TC no puede actuar de esa manera tan poco seria. En momentos como este, resulta oportuno recordar cual es o cual debería ser el perfil del magistrado del TC, y con mayor razón de su presidente. Una persona que actúa de esta manera, no evidencia solvencia moral y credenciales democráticas, no genera confianza y credibilidad, menos garantiza transparencia, todo lo cual compromete el buen funcionamiento de nuestro Tribunal Constitucional.

Por todo ello, es importante que la próxima elección del Presidente del TC se realice de la manera más transparente y pública. Si bien los ciudadanos no elegimos al Presidente del TC, sí tenemos derecho a saber al menos quiénes son los magistrados que postulan a este cargo, pues tenemos la expectativa que sea asumido por una persona idónea moralmente y académicamente. Está en juego la legitimidad del TC indispensable en el ejercicio de su función. Es la única manera de asegurar la independencia e imparcialidad que este órgano necesita, para funcionar y hacer frente a las presiones políticas de los poderes y órganos del Estado, pero también de los poderes fácticos.

Nuestra insistencia en la transparencia esta justificada. Aún nos queda la amarga experiencia de las elecciones para magistrados al TC, realizadas el año pasado por el Congreso. Como se recordará en aquella oportunidad, la Comisión presidida por el congresista Aurelio Pastor, realizó entrevistas a candidatos en forma reservada (sin prensa). Luego, cuando se pidieron los videos de estas entrevistas, ellas solo fueron entregados casi al final del proceso, cuando era irreversible el resultado. Asimismo, se votó en el pleno sin tener a la mano los puntajes de los candidatos, nunca se supo los criterios para la asignación de puntuación, no se quisieron publicar los currículum vítae, etc.

Y claro, un proceso así conducido no podía llegar a buen puerto, y eso fue lo que ocurrió en el restaurante Fiesta, lugar donde fue sorprendido Javier Ríos Castillo, flamante recién elegido magistrado al TC, almorzando junto con personas vinculadas, procesadas y condenadas por delitos de corrupción (Agustín Mantilla y Venero).

Esta elección nos importa o nos debe importar a todos los peruanos. Està en juego un órgano efectivo de protección de nuestros derechos. La importancia de esta elección está en relación con la importante función que el TC cumple en las sociedades y en los Estados modernos. Se trata del máximo órgano encargado de realizar el control constitucional, es decir, velar porque las decisiones, normas y actos que adopten los funcionarios del Estado y los particulares, se ajuste a la Constitución. No podemos olvidar que sin control constitucional no hay efectiva vigencia de la Constitución Política, y sin efectiva vigencia de la Constitución no hay derechos fundamentales.
(Juan Carlos Ruiz Molleda)