A PROPÓSITO DEL CASO WHILAR: EL PROBLEMA DEL TRATAMIENTO DE LA VIOLACIÓN A MENORES

 

30 de octubre del 2008

El escándalo suscitado a raíz del caso Whilar, un reconocido tablista, presidente de la Federación Peruana de Tabla del Perú, que fue encontrado en su habitación de Chorrillos manteniendo relaciones sexuales con dos menores, nos sirve de excusa para poner sobre el tapete un tema que no debe perderse de vista: la violación de menores.

Las cifras macro son un buen inicio para entender lo extendida que está esta práctica. Según el Ministerio del Interior cada 4 horas 3 personas son víctimas de violencia sexual. ¿Cuántos de ellos son niños? Según datos del ENDES correspondientes al año 2000, 88%. Y al respecto, no hay ninguna razón para pensar que esa cifra haya disminuido, al contrario: en los seis primeros meses de este año se denunciaron 3,697 violaciones sexuales a menores en la capital, aproximadamente un tercio más que las correspondientes al año pasado.

Respecto a estas cifras, incluso, todavía es posible establecer a los más perjudicados entre los perjudicados. Las menores son, de lejos, las más afectadas. Representan casi el 90% de la totalidad de casos de agresión sexual infantil, según datos proporcionados por el Centro de Emergencia de la Mujer del MIMDES (El Comercio, 19/10/08). Según el Ministerio del Interior, correspondientes al año 2007, la cifra todavía es mayor: 93% de los casos las víctimas son mujeres.

Otro aspecto importante es el referido a las características del agresor. Whilar, es de algún modo un victimario poco común, pues él era un extraño para los niños. Lo normal, aunque cueste creerlo, es que sean personas del entorno del menor las que terminen convirtiéndose en sus agresores.

En una entrevista realizada por el autor de esta nota a integrantes de la ONG Manuela Ramos, Dora Garrido y Claudia Rosas, las cifras antes expuestas se replican a nivel de los casos que dicha ONG atiende. Del total de casos de violencia sexual que asiste, el 60% lo representan aquellos en los que menores de edad están implicados. Y de ellos, la gran mayoría, según las entrevistadas, implican agresiones perpetradas por personas del entorno del o la menor.

¿Qué acciones tomar?

Lo primero es prevenir. Sobre esto, existen acciones políticas que parecen lejanas en causalidad con el tema de la violación, pero que en realidad no lo están. Nos referimos, por ejemplo, a la promoción de la educación. Normalmente se muestran cifras de Lima en cuanto a ser el departamento con mayor número de violación a menores. Pero eso responde al hecho de que es a la vez el departamento más poblado. En realidad, existe mayor prevalencia de este mal en las regiones más excluidas. Y no es casualidad que sea en las zonas donde hay un mayor grado de analfabetismo. Por ejemplo, mientras que en Lima se observa una tasa de analfabetismo del 6.0% en mujeres; en Huancavelica la tasa de analfabetismo femenina es de 44,5%. Ése es el caso más grave, pero no el único. La educación –o mejor dicho, la ausencia de ella– tiene una relación con la violación por la sencilla razón de que mientras mejor se conocen sus derechos y más se refuerza la identidad de los menores (y de forma indirecta de los que los rodean), aquellos ya no son víctimas tan indefensas, como en el caso de ausencia de educación.

Otra acción importante consiste en despenalizar uno de los casos de violación que prevé actualmente la legislación penal. Aunque nuestro Código Penal establezca penas muy altas para aquellos que tengan acceso carnal con personas menores de 18 años, no hace ninguna distinción entre aquellos encuentros realizados con consentimiento de los que no, aunque el o la menor tenga, pasada cierta edad, cierto grado innegable de discernimiento para disponer de su propio cuerpo. Éste es un debate largo en el que las voces más autorizadas, las instituciones encargadas de este problema, y sobretodo la realidad, ya han sentenciado: no tiene ningún sentido la figura de la violación sin importar el consentimiento para mayores de 14, siendo todavía menores de 18 años. Según las especialistas consultadas de Manuela Ramos, hoy en día existen numerosos jóvenes purgando condenas de hasta 3 años por este tipo de delito.

Ya entrando en materia, los casos de violaciones están teniendo una respuesta muy adecuada en los Módulos de Atención al Maltrato Infantil conocidos como MAMIS, pertenecientes al Ministerio de Salud (página web institucional). Estos Módulos realizan una labor esencial de atención multidisciplinaria con el fin de brindar una atención integral (psicológica, médica, y hasta legal, transfiriendo los casos a las entidades respectivas), en casos de menores que sufren experiencias de maltrato, como la violación. Ésta es una experiencia interesante que debería replicarse en otras partes (actualmente sólo se cuentan con 4 MAMIS en Lima).

Algunas medidas interesantes en el ámbito del proceso penal, seguido contra los presuntos violadores, son las siguientes: en el ámbito probatorio es importante, cuando haya escasez de pruebas contundentes de la violación (es decir, cuando no exista, por ejemplo, un examen médico legista que dé cuenta de una reciente desfloración, o cuando el existente se ha realizado tiempo después de perpetrado el hecho), la pericia médico legista psicológica, que ayuda a establecer el perfil sexual del posible agresor. Éste resulta ser un dato muy importante a tomar en cuenta por el juzgador. Lo mismo sucede con el examen toxicológico en casos de violación producto de dopaje inducido. Estos sucedáneos de pruebas más contundentes deben, por supuesto, corroborarse con otros datos, a fin de reconstruir el drama vivido y tener certeza sobre los hechos. Al respecto, las especialistas de Manuela Ramos indican que es necesario siempre asesorar a la menor, a fin de que, por efecto de los nervios, no vaya a involuntariamente caer en contradicciones cuando realice su manifestación, por ejemplo.

Como se ve, hay muchas medidas que pueden y deben tomarse para enfrentar el problema grave de la violación a menores. Tratándose de una problemática compleja, la respuesta debe ser igual de integral. Damos por descontado el hecho de que los derechos de los menores están reconocidos en numerosos instrumentos legales (nacionales o internacionales). Pero la constatación de la brecha entre el mundo de los derechos reconocidos, y la realidad que gráficamente ejemplifica el pedófilo Whilar, implica después del necesario asombro y rechazo, la acción decidida para combatirla.
(Julio Avellaneda Rojas)