Caso patrocinado por el IDL. Alberto Fujimori ha comenzado su defensa material en el proceso que se le sigue por graves violaciones a los derechos humanos por los casos Barrios Altos y La Cantuta. Durante esta primera intervención sólo ha hecho mención muy tangencialmente a los crímenes por los que se le acusa y, en realidad, el íntegro de su discurso fue de contenido estrictamente político. Si bien hizo hincapié a lo que él denomina como la estrategia de pacificación legal, fue un discurso que buscó fundamentalmente enviar explícitamente mensajes políticos.
En primer término, corresponde destacar que el interés que ha tenido Fujimori es emitir un discurso a la opinión pública. El gesto permanente durante su intervención de voltear hacia la ubicación de los reporteros gráficos es una muestra evidente de ello. Poco o nada le ha interesado que los jueces lo escuchen. Él quería las cámaras y, ahora, inclusive el canal del Estado, súper renuente a difundir las declaraciones de los testigos, se animó a transmitir en vivo.
En segundo término, ha sido un discurso lleno de mensajes políticos y el principal de ellos ha sido que delante de las cámaras de la televisión, cual monarca o dictador, ha dejado una “herencia” a sus hijos Keyko y Kenyi. Esto en realidad pareciera expresar un convencimiento del acusado acerca de que resulta inminente la condena y, por eso se apura a priorizar el mensaje de herencia política.
En tercer término hemos visto un Alberto Fujimori que decidió desconectarse de manera radical su propia defensa. Nakasaki durante todo el proceso judicial ha presentado a Alberto Fujimori como el “tonto del barrio”, porque decía que era un presidente que jamás se enteró lo que sucedía, que no estuvo informado y que la relación con las FFAA para desarrollar la estrategia de pacificación sólo se realizó a partir de la publicación de la Directiva de Pacificación publicada en noviembre de 1991 y, además, que toda la relación con los elementos militares se desarrolló bajo un respeto escrupuloso de las formalidades. El hecho es que Fujimori se aparta de esta imagen y se presenta tal cual. En su discurso, se presentó de manera permanente como el líder que tomó la decisión de redefinir la estrategia contrasubversiva, de variar sustancialmente sus objetivos y que además impulsó su ejecución personalmente para lo cual, a diferencia de los presidentes anteriores (Belaunde y García), se “ensució los zapatos”.
De esta manera Fujimori se presenta como el hombre que condujo la estrategia contrasubversiva del Estado: como el jefe que siempre fue. El decidió dejar de lado esa imagen de presidente que no sabía nada y, en el momento final de su intervención en el juicio más importante, reasume la posición que siempre tuvo. Lo relevante es que este hecho apoya muy significativamente la acusación de la fiscalía y la posición de la parte civil que siempre han presentado a Fujimori como el jefe.
Si bien Fujimori ha pretendido reducir ese liderazgo al ámbito estrictamente político, lo cierto es que durante el proceso judicial se ha demostrado que este personaje sí emitió constantemente órdenes directas, verbales e ilegales a elementos militares en actividad para realizar operaciones como parte de la estrategia contrasubversiva. La característica de esas órdenes es que todas fueron cumplidas o ejecutadas por los militares que las recibieron.
Habiendo asumido esa posición, Fujimori se acerca a lo dicho por Santiago Martin Rivas en las entrevistas con el periodista Jara. Fujimori ha señalado en varias oportunidades que en su posición de líder, le interesó con sus actos o los de las FFAA emitir diversos mensajes a los terroristas. Por su parte Martin refirió que la presencia de Fujimori estuvo cargada de permanentes mensajes de inteligencia a la subversión. Para Martin el Presidente ingresó rápidamente a la lógica de la guerra clandestina que, desde inicios de 1991, se estaba desarrollando con la emisión de mensajes de inteligencia dirigidos a los subversivos. De eso ha dado cuenta también Fujimori en su discurso.
Ciertamente hizo mayor mención a los hechos, más que para señalar en dos oportunidades que crímenes como el de La Cantuta le “dolieron en el alma”. Claro, pero cuando a inicios de mayo de 1993, el general Robles denunció que los ejecutores de este crimen eran elementos del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) el propio Fujimori por medio de RPP le contestó que “el Ejército no era un club de señoritas”.
Otro dato importante es que estamos enteramente seguros que aún cuando su ex asesor Montesinos es un personaje clave en la comisión de los crímenes por los que está acusado Fujimori, no lo mencionará.
Finalmente, como balance nos queda la muy fuerte impresión de que Alberto Fujimori se ha distanciado de la defensa realizada por Nakasaki, porque él es también consciente de que es inminente una sentencia condenatoria, que se sustentará en las pruebas que el mismo Fujimori ha visto desfilar antes sus propias narices durante 15 meses; y por ello opta por hablar desde la política, desconociendo que la acusación es por la comisión de crímenes concretos. Lo hace porque sabe que en el proceso judicial ya perdió.
(Carlos Rivera Paz)