La batalla a favor de la decisión de que el Perú tenga un gran museo que refleje la barbarie vivida durante los años 1980 y 2000 -con la idea de que este tipo de situaciones no vuelvan a ocurrir- ha sido ganada por la razón. Así lo demuestra la Resolución Nº 059-2009-PCM publicada el 01 de abril, de la presidencia del Consejo de Ministros, que crea la Comisión de Alto Nivel encargada de coordinar y promover el diseño, organización, implementación y gestión del proyecto Museo de la Memoria.
El quiebre ante la reiterada y furibunda negativa al proyecto por parte del gobierno y otros sectores opositores al trabajo de la CVR, se forjó gracias a las gestiones del reconocido escritor Mario Vargas Llosa, quien publicó un excelente texto titulado “El Perú no necesita museos” (ver: artículo). De esa manera, tras una conversación que tuvo con autoridades del máximo nivel, el Ejecutivo presentó a Vargas Llosa como presidente de la referida comisión, la misma que está integrada por Luis Bambarén Gastelumendi S.J., Enrique Bernales Ballesteros, Frederick Cooper Llosa, Fernando de Szyszlo Valdelomar, Salomón Lerner Febres y Juan Ossio Acuña.
Adicionalmente, tal parece que esta iniciativa contará con la cooperación ofrecida por el gobierno alemán, a la par que se mantiene la propuesta del alcalde Salvador Heresi Chicoma, para que sea San Miguel, el distrito que albergue al museo.
Ahora bien, tras esta primera victoria para la democracia y la reconciliación podemos llegar a algunas reflexiones. En primer lugar, qué duda cabe, la comisión está integrada por personalidades, que seguramente sabrán ponerse de acuerdo para armar un museo que refleje con claridad el terror que se vivió durante esos años, reconociendo a las víctimas y victimarios sin que la institución de proveniencia les genere un juicio más severo o benévolo.
En segundo lugar, la batalla por el museo ha dejado muertos y heridos, aunque también héroes. Entre los primeros contamos, a los más reacios retractores que no dudaron en esgrimir todo tipo de argumentos, aún los más descabellados, entre los que destacan, sin duda, el congresista aprista Edgard Núñez Román y Ántero Flóres-Aráoz, ministro de Defensa. Igualmente, corresponde destacar el triste rol jugado por Yehude Simon Murano, quien habiéndose comprometido a gestionar la construcción del museo ante los organismos de Derechos Humanos, salió a declarar públicamente en contra de esta propuesta.
Por su parte, al otro lado de la balanza está Mario Vargas Llosa, quien con su oportuna participación ha evidenciado que en el Perú no basta tener una buena idea -como la construcción del referido museo-, sino que importa mucho, quién la esgrime. La lección parece ser que en nuestro país, una idea, por más buena que sea, puede ser rechazada si es planteada por determinado sector. ¡A qué nivel de apasionamiento y sordera hemos llegado!
Esperemos, pues, que la Comisión, presidida por Vargas Llosa, inicie sus actividades con fuerza. No dejemos de lado que las presiones lanzadas hace unas semanas contra la aceptación de la donación alemana tengan ahora otro punto de ataque: la comisión. Sería una pérdida de tiempo que tras haber vencido en esta propuesta, se tengan que librar más discusiones en torno a un mismo tema.
Esperemos que el Ejecutivo sea coherente con la resolución publicada y se avoque a apoyar la construcción de este importante museo, que nos recuerde que no podemos seguir tropezando con las mismas piedras y nos ayude a desterrar las tentaciones de barbarie que tan impregnadas siguen en la idiosincrasia peruana, de modo que avancemos en la construcción de un país de ciudadanos y ciudadanas.
(César Bazán Seminario) |