EN EL DÍA DE LA MUJER: UNA EXPERIENCIA PARA MEJORAR
LA ATENCIÓN EN LOS CASOS DE VIOLENCIA FAMILIAR

 

05 de marzo del 2009

A propósito del día de la mujer, nos parece pertinente mostrar algunos avances alentadores respecto de una experiencia de trabajo de atención y resolución de casos de violencia familiar en las zonas rurales(1).

Una respuesta interesante y efectiva a la violencia familiar son las Defensorías Comunitarias, que el IDL acompaña desde 1999, la misma que fue premiada en el 2006 en el concurso de innovación social organizado por CEPAL y la Fundación Kellogs (ver: Defensorías Comunitarias: Proyecto sobre violencia familiar, que gana premio en innovación social).

La Defensoría es una institución habilitadora de servicios de atención, promoción, protección y vigilancia de derechos; establecida para promover los derechos humanos desde lo cotidiano. Estas instancias están conformadas por personas voluntarias, que brindan servicios gratuitos en sus comunidades de residencia en perspectiva de mejorar el acceso a la justicia. Cada vez son más las Defensorías creadas, y el trabajo ha ido escalando niveles.

Desde hace algunos años, las demandas hacia el servicio así como la complejidad de los casos evidenciaron la necesidad de ampliar la intervención, en perspectiva de promover un sistema de administración de justicia respetuoso de la pluralidad cultural, a la vez que sensible a las necesidades de protección de las niñas y mujeres víctimas de violencia. Por lo tanto, la intervención promueve el desarrollo de capacidades y la sinergia entre actores comunitarios de justicia (directivos comunales, rondas campesinas, jueces de paz y defensores comunitarios), así como la realización de labores de incidencia con operadores jurídicos estatales y autoridades locales, para lograr un trabajo coordinado en beneficio de las víctimas de violencia y demás casos que afectan particularmente a las niñas y niños.

De la evaluación de los tres últimos años de trabajo, se desprende que los actores comunitarios de justicia (tales como las rondas, autoridades comunales y defensorías comunitarias) mantienen por lo general una relación fluida, aunque la calidad de ellas varía de una comunidad a otra. En efecto, se evidenció que en aquellos grupos humanos donde la Defensoría Comunitaria tiene mayor tiempo de existencia, los niveles de coordinación entre las autoridades comunales son más sólidos, así como también la sensibilidad hacia los temas que afectan de manera diferenciada a las mujeres.

“Cuando se trata de violencia familiar, van a denunciar de frente a la Defensoría Comunitaria, pero también hay personas que se van de frente al teniente gobernador. Cuando hay estos asuntos, lo evalúan entre todos y lo resuelven en la comunidad en forma coordinada con el teniente gobernador u otra autoridad” (comunero de Huinchiri, provincia de Quehue, Cusco).

Asimismo, varias personas de aquellas comunidades donde existe una Defensoría Comunitaria tienen claridad respecto de los límites y procedimientos en casos de violencia familiar:

“Una vez que a la mano el reconocimiento médico, pasa al juzgado, pasan al juzgado, de acuerdo a la gravedad, si pasa más de once días, entonces necesariamente tiene que pasar al juzgado mixto, si es menos al juzgado paz. Estamos hablando de la familia (comunero de Chacabamba, provincia de Paucartambo, Cusco).

Como vemos, se han logrado avances importantes a lo largo de estos 10 años. Sin embargo, aún falta por hacer, especialmente en el trabajo con operadores de la justicia estatal, donde si bien algunos están dispuestos a coordinar con las autoridades comunales, todavía persisten prejuicios hacia la justicia comunitaria.

En el contexto en el que el Consejo de Ministro aprobó el Plan Nacional contra la Violencia hacia la Mujer, esperamos que la intención de facilitar el acceso de las mujeres a servicios adecuados en casos de violencia se plasme en medidas concretas de respaldo y apoyo efectivo a iniciativas como las que mencionamos en este artículo. Esperamos que esta vez, se considere seriamente a las víctimas de violencia que residen en zonas rurales del país, con las características y especificidades que ello implica, pues son tan ciudadanas como las y los demás peruanos.
(María Alejandra González Luna)

(1) Como sabemos las mujeres son generalmente las víctimas de la violencia familiar. Asimismo, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática, el Cusco es uno de los departamentos donde hay mayor violencia familiar hacia la mujer por parte del esposo: INEI. Encuesta Nacional Demográfica y de Salud Familiar. 2004-2006. Ver: http://www1.inei.gob.pe/biblioineipub/bancopub/Est/Lib0733/Libro.pdf.